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Las afiladas cuchillas de Mou.

Hombres del mundo, ¿sean como él?...

Una de las peores cosas que le puede pasar a una marca es que la popularidad de su “celebrity asociada” entre en barrena. En tiempos de crisis nadie puede permitirse el lujo de invertir sus fichas en un caballo perdedor. Así que, cuando el corcel empieza a cojear, hay que cambiar rápido al jinete.

Como últimamente Tiger Woods está hecho un golfo, Thierry Henry es el hombre invisible y Roger Federer ya no ostenta el podio de la ATP, la marca Gillette ha decidido renovar al tridente. Su lugar lo ocupará el entrenador del Real Madrid José Mourinho, más famoso por sus célebres afeitadas que por su labor técnica.

En palabras del director de marketing de la compañía, el italiano Jacopo Lorenzo Pazzi, Mou “es un auténtico icono para la mayor parte de los hombres” y “representa mejor que nadie los valores de Braun que se resumen en nuestro eslogan de que algunos son más especiales que otros”. Al igual que las afirmaciones del guapo, rico y gran jugador, las declaraciones de don Pazzi (a saber en qué escuela de márqueting estudió) parecen extraídas de un sketch del Crakòvia. Demasiado fácil se lo están poniendo a los guionistas…

Por otro lado, tal vez Pazzi tenga razón en eso de que ambos comparten valores: tanto Gillette como Mou cuentan con afiladísimas cuchillas que rasuran a la primera pasada. La sensatez, no obstante, nos conduce a sospechar que éste podría ser un magnífico caso de “nuevo marqueking” en el que Philips haya financiado la campaña del nuevo prescriptor de Procter & Gamble.

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La turca de Guti (o sobre la magnitud de la mala suerte).

José Mª Gutiérrez Hernández, party animal. Foto: Suleyman Kaka (EFE)

José Mª Gutiérrez Hernández, party animal. Foto: Suleyman Kaka (EFE)

¡Pobre José María Gutiérrez! No hay palabras para describir cuán vasto es su infortunio… Tras quince años de (relativo) éxito en el Real Madrid, al histriónico, digo, histórico, centrocampista de Torrejón de Ardoz le persigue la desdicha hasta rozar la ridiculez. En los últimos tiempos, Guti ha visto como, aun superando escandalosos tsunamis, su matrimonio con Arancha de Benito hacía aguas; ha tenido que aceptar a regañadientes que sus tatuajes eran irrisorias calcomanías al lado de los bodegones de David Beckham; ha fracasado en el intento de emular a sus homólogos paseándose por Ibiza con una supermodelo (Noelia López a la que, por empeño que le ponga, el título de “súper” le queda desproporcionado); ha protagonizado encontronazos con inoportunos paparazzi que no le permitían disfrutar del ritmo de la noche madrileña; ha aceptado ser prescindible en la selección española y ha visto cómo el club de su vida le despedía con un anodino “hasta la vista, baby”.

Ahora que podía redimirse de tanta desdicha; ahora que empezaba de cero en un equipo nuevo, en un entorno virgen, liberado de la monumental carga de la etiqueta de bobo que arrastraba cuál crucifixión, Guti ha metido la gamba hasta el fondo. El futbolista se  fue de picos pardos, cogió su Range Rover, se estampó contra un buseto, dió positivo en el control de alcoholemia y, ¡maldita mala suerte!, le pilló un  paparazzo. “Era una calle estrecha”, ha argumentado. ¿¡De cuatro carriles?!

La retirada de carnet durante seis meses será soportable (opciones no le faltarán: chófer, taxi, ¿bonobús?). Las 547 libras turcas de multa (280€ aprox.) serán peanuts para su bolsillo. El papeleo, pan comido para el chulesco deportista. Explicaciones ante el Besiktas, ya se le ocurrirán (en peores plazas toreó cuando era blanco). Pero, como dijo Julio Iglesias (gran futbolista, mejor cantante), lo peor de todo es tropezar de nuevo con la misma piedra. Una vez más, Guti vuelve a ser la diana de todas burlas que se cuecen por el rápido y espontáneo universo 2.0. Su particular corona de espinas se clava con fuerza sobre ese tintado pelo cuyo color ya no sabemos describir. Le toca jugar, otra vez, el papel del bufón, con su abrigo peludo a lo Lenny Kravitz, ese aire de David Guetta y su pegadizo pim-pam crakoviano. Pero tranquilo José María, siempre existirá alguien más histriónico que tú. Siempre nos quedará el lumbreras de Sergio Ramos.

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