Pasajeros de altos vuelos.

Nacho Polo luce kit completo en Barajas: gorra, sunglasses, maletas logomanía e iPhone. Creyóse tan VIP que hasta solició protección policial (OMG!)

Los aeropuertos transforman a las personas; o, corrijo, las personas se transforman en los aeropuertos. Si se fijan bien, cuando la gente entra en una terminal sufre una mutación esperpéntica, como si, de pronto, se convirtiera en estrella del rock’n’roll. Incluso osaría afirmar que hay individuos que pronostican con antelación la muda que lucirán este verano en la puerta de embarque.

He observado que existe una especie de código deontológico entre viajeros. Son pautas de comportamiento secretas. Nadie habla de ellas. No están escritas en ningún manual. Nadie las transmite de generación en generación. Pero todos los usuarios las han interiorizado. Sus uniformes les delatan: grandes gafas de sol (en un recinto cerrado), gorras de béisbol o de cowboy (aunque su destino no sea, ni por asomo, Dallas), maquillaje circense o tacones de vértigo (incluso si viajan de Barcelona a Menorca) son algunos de sus complementos predilectos. No los visten a diario, en su pueblo natal; sólo se los calzan para ir al aeropuerto.

Con tantos adornos y condecoraciones, las colas en los puntos de control devienen quilométricas. Mientras unos resoplan, zapatos en mano, a la espera de su turno, otros paralizan la hilera despojándose de sus múltiples enseres de hojalata, montando el numerito entre execrables risitas y jactándose de ser el centro de atención.

En la mayoría de los casos se trata de gente corriente. Gente normalísima, como tú o como yo, cuyos menesteres invernales carecen por completo del glamour que pretenden emanar sus mudas estivales. Son decoradores, comerciales, periodistas u oficinistas que, a juzgar por la incesante vibración del móvil, en su período vacacional andan de lo más ajetreados. De hecho, sus asuntos son de tal vitalidad, que precisan encender el smartphone nada más aterrizar, seat belt still fastened

En los ochenta, cuando aún existían castas, esquiar y viajar eran cosas de ricachones. A principios del S.XXI, con el boom del ladrillo y la proliferación de la cultura “¡yupi!-yo-también-soy-rico”, el esquí, el tenis y el golf se democratizaron, dejando al polo como único deporte exclusivo de la jetset. Pero viajar, a pesar de popularizarse, ha logrado mantener una absurda esencia VIP. ¿Será por eso que la gente se disfraza de famoso para ir al aeropuerto?

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Lágrimas reales.

¡Habráse visto novio más enamorado! Menudo malrollito... ¿Tú no llorarías?

Cuando se estrenó Una Proposición Indecente (1993), Danny DeVito dijo “cualquier persona aceptaría un millón de dólares por pasar una noche con Robert Redford. La cuestión es si lo aceptarían por pasarla conmigo”. Algo parecido ha ocurrido en el Principado de Mónaco, aquél que fuera tan chic en tiempos de Grace & Rainiero y en el que hoy regenta la mofa. Ante la propuesta de convertirse en princesa, heredar el trono de los Grimaldi, presidir el Baile de la Rosa, asistir al Grand Prix de F1 y, en general, dejar de trabajar y dedicarse a curar el sida, cualquier chica se lanzaría a los brazos de un príncipe. La cuestión es si lo harían en los de Alberto II.

Después de picotear por las flores de Claudia Schiffer, Brooke Shields, Naomi Campbell, Sharon Stone y hasta quien sabe si Anita Obregón, a sus lozanos 53 años el Príncipe Alberto ha elegido –presuntamente- a Charlene Wittstock para contraer matrimonio. La puesta en escena ha sido pluscuamperfecta: vestido blanquísimo de Armani ella; traje blanco Love Boat él; invitados de copete; recorrido en Lexus descapotable; carísimos fuegos artificiales; tarta nupcial a lo Torres Petronas; baile con mirror dance floor; y más aires de Caesars Palace que de Abadía de Westminster. Pero el comité de fiestas olvidó lo más importante: encargar una novia feliz.

La posible fuga de Charlene horas antes de la boda, las supuestas multipaternidades de él o el contrato prenupcial que la obliga a permanecer como mínimo cinco años casada con Alberto y darle un heredero son meros rumores que apenas empeoran una evidencia: la de que éste es un matrimonio acordado. Ni siquiera los novios pueden disimular su falta de complicidad. O ¿algún ingenuo cree que las lágrimas de Charlene en la Capilla de Santa Devota corresponden a un sentimiento de felicidad?

Esta boda era exactamente lo que necesitaba Mónaco: un chute de glamur para perpetuar la vidorra de Carolina, Alberto, Estefanía y todos sus eruditos secuaces. Lamentablemente, todo apunta a que este triste matrimonio de postal acabará en desdicha para ambos contrayentes y con toda probabilidad creará una nueva Lady Diana Spencer. Esperemos que el cuento de hadas de la Sirena Dorada acabe mejor.

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Chinchetas en los ojos.

Si las faltas de ortografía se multaran, las arcas del Estado reventarían.

Una de las pegas las redes sociales es que ponen de manifiesto el nivel cultural de sus usuarios. La comunicación interpersonal de antaño se ha trasladado a los muros y perfiles públicos de Facebook y Twitter, las vidas se han despojado de privacidad y la escritura se ha convertido en el principal método de expresión. Teniendo en cuenta que escribir es más costoso que charlar, nunca antes había sido tan fácil quedar como un completo analfabeto.

La desidia por la expresión escrita de nuestros jóvenes anónimos, hijos de la cultura audiovisual y nietos de la inmediatez, nos desternilla, frustra y escandaliza. Sus Messengers y sus muros en Facebook son auténticos jeroglíficos imposibles de descifrar; coleccionan faltas de ortografía, prescinden de puntuación, muestran frases quilométricas y desconocen la existencia de esa pequeña astilla llamada tilde. Su dejadez está clara, pero ¿qué me dicen del nivel de escritura de las celebrities españolas?

Si se dan un garbeo por Twitter, se ruborizarán ante la calidad ortotipográfica de cantantes, deportistas y personajes televisivos. A grandes rasgos, observarán bochornosas confusiones entre haber vs. a ver, anarquía de ges y jotas, desconcierto con el verbo echar y un grave problema en el uso de los imperativos. Para Belén Esteban, Leticia Sabater y Guti las haches son invisibles; Bustamante no diferencia por qué de porque mientras Hecha de menos a su gente; la cantante Najwa Nimri poetiza con reYnos de furia; Sergio Ramos va coJiendo el ritmo; Dani Martín y Rafa Mora no saben usar los imperativos; y Elsa Anka es la Terminator de la RAE: escribe como una adolescente, ha vuelto a la etapa toi, suelta zetas delante de e (actriZes) y es muy espaVilada.

Leer los tuits de nuestros famosos es como ver un reality. Duelen a la vista, pero reafirman nuestra humilde existencia. Su necedad nos engrandece. Aún así, no estaría mal que este verano echasen (sin hache) un vistazo a los cuadernos Santillana de sus hijos y que en el próximo curso dejaran de clavarnos chinchetas en los ojos.

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Un país de mirones.

A Julio Cortázar también le gustaba mirar.

Mucho se ha dicho sobre los blogs, su influencia en la opinión pública, su fuerza mediática y bla bla bla.  De hecho, se ha dicho tanto, que algunos bloggers ya se creen más célebres que las propias celebrities. Sus diarios de a bordo son escaparates donde nos cuentan cómo visten, qué leen, dónde comen o qué opinan. Lo interesante, no obstante, no es lo que explican ellos, sino el ADN que dejan sus seguidores en el rastreo por la red.

Las estadísticas de los backoffices ofrecen curiosas radiografías de los internautas, ¡siempre tan invisibles!… El registro de las palabras clave que los usuarios escriben en el buscador y que les conducen casi por casualidad a una u otra bitácora son un universo de conocimiento para antropólogos y cotillas.

Cada día me impacta más lo que encuentro por aquí detrás. Dejando de lado el nombre del blog y derivados, los usufructuarios llegan a esta website a través de unas cochinadas inimaginables. Las palabras “voayeur” y “exhibicionista” (que aparecían en el post del 27.01.11 sobre el comportamiento de la gente en Facebook) lideran, de largo, muuuuy de largo, la lista de las más populares. Otra muy frecuente es “Sara Carbonero” que, gracias a su mamoplastia del post Los complejos de Sara (del 1.12.10) alcanza el top of the pops. La señora Casillas genera una audiencia titánica mediante las múltiples combinaciones de “sara+carbonero+vestido+rojo+mundial”.

Los vocablos “Facebook amigos” también aportan numerosas visitas, así como los nombres “Piqué”, “Shakira” y “Guti”. Pero, de todo lo que se mueve por el backstage, mis términos de búsqueda favoritos son (cito textual):

–          “cuanto pesa sara carbonero”
–          “malena mala influencia para carles puyol”
–          “pilar rubio teniendo sexo”
–          “lidia lozano le toca las tetas a yola berrocal”
–          “tamara seisdedos tetas”
–          “brad pitt mariguanero”
–          “guapito de los controladores”
–          “el peluquero de rajoi”
–          “pelicula mujer con retraso mental cantante”
–          “señoras sin bragas y sin censura”
 
Y yo me pregunto ¿qué puñetas busca la gente en internet?

Visto lo visto, sólo se me ocurre animar a los cinco millones de parados españoles que se lancen a la industria pornográfica. Es el único sector que nunca decae. Y, si las estadísticas no me fallan, hay una alta posibilidad de que tú, que ahora me lees, hayas escrito las palabras “mundo voayeurs”, “fotos voayeurs” o “voayeurs xxx” en busca de algo mucho más entretenido de lo que has encontrado aquí. Así que, te pido disculpas por no ser lo que esperabas y te invito a seguir navegando. xxx.

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Biografía de un adolescente.

Justin Bieber: dos años de carrera y ya es eterno.

Se llama Justin Bieber, tiene 17 años y es, según los rankings de la revista Forbes, el tercer personaje más influyente del mundo, por encima de U2 o Elton John y sólo superado por Lady Gaga y Oprah Winfrey. Cuenta con más de treinta millones de seguidores en Facebook y otros diez en Twitter. Cada opinión que emite implica un impacto incalculable en sus multitrillones de fans. Tiene documental 3D (Never Say Never), cómic y línea de esmaltes para uñas (colección “The One Less Lonely). Ha actuado en la Casa Blanca. Gana 300 millones de dólares por concierto. Shaquille O´Neal, Los Becks y el mismísimo Barack Obama han manifestado su simpatía por este pequeño Rey Midas. Bieber es a la industria musical, lo que Starbucks al café: una franquicia bien exprimida.   

A finales de enero, la editorial Libros Cúpula (Grupo Planeta), publicó “Justin Bieber. Mi historia. Primeros pasos hacia la eternidad”. El título ya es, por sí solo, de lo más revelador: la biografía autorizada de un adolescente con más autoestima que testosterona. El libro, que contiene lindezas como “si llego a hacer un diez por ciento de lo que hizo Michael Jackson por el mundo sabré que habré conseguido algo grande”, pinta ser un masaje aburrido a la figura de un pimpollo que creyóse Prince por aprender a tocar cuatro instrumentos.

¿De verdad toda vida merece ser contada? O, replanteo la pregunta: ¿la vida de un púber con apenas dos años de carrera dan para 240 páginas? A juzgar por las ventas del libro (best seller del sello según su web), diría que el fenómeno biebermanía podría ser digno de estudio en prestigiosas escuelas de marketing, pero, si hurgamos un poquillo, la cosa se queda en un bluf que no llega ni a niño prodigio.

Lo interesante de las biografías es la metamorfosis hacia la madurez (el de-niña-a-mujer). El clímax llega cuando el famoso en cuestión consigue desintoxicarse de las drogas duras tras una alocada adolescencia consecuencia de una infancia atormentada por un padre proxeneta y una madre alcohólica. Pero éste no es el caso del tierno cantante canadiense, cuya cristiana madre colgaba en YouTube las actuaciones caseras de su soon-to-be-discovered hijito.

La biografía de Bieber tendrá más gancho dentro de cinco-diez años, cuando la estrella se estrelle (porque, evidentemente, se estrellará). Entonces será ameno leer cómo cayó en el olvido a lo Macaulay, pilló anorexia en plan Olsen, enderezó su vida tipo Drew, se volvió a perder a lo LiLo, se bebió los restos de Kristen Dunst, regaló grotescos capítulos de inestabilidad emocional estilo Brit, se reinventó cuál Timberlake, recayó como Winehouse, se despechugó  a lo Miley Cyrus y salió del armario siguiendo la estela de “Yo” Ricky Martin.

A pesar de todo, si los pasos hacia la eternidad de Justin Bieber sirven para que millones de adolescentes se aficionen a la lectura, bienvenidos sean (pero no vale mirar sólo las fotos).

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De cuerpo presente.

Momentazo "saludo real" en el telefilm "Felipe y Letizia". Tan igualitos a los originales que parecen réplicas de cera.

En la tele, como en la vida misma, las modas se acontecen en bloque. Tras la saturación de gladiadores (“Roma”, “Spartacus”, “Hispania”…), ahora toca un fascículo mucho más ameno: los biopics. Entramos en la etapa más desternillante de la televisión desde que desapareciera Benny Hill.

Divididas en tres subgéneros, las miniseries biográficas de nuestros grandes iconos se ordenan por: 1) monarquía, 2) folclore, 3) payasos.

El producto pionero que encabezó esta new wave fue Felipe y Letizia” (Telecinco). Con un notable 20,7% de share, se convirtió -sin pretenderlo- en la serie de humor más comentada en Twitter. Según declaró el experto Peñafiel, la tv movie “retrata a la Princesa tal y como es: ególatra y soberbia”. Con “Felipe y Letizia” constatamos cuánta mala leche pueden llegar a tener los guionistas y descubrimos la habilidad de Juanjo Puigcorbé para inventar un extraño acento Borbón. Su interpretación de Juan Carlos I fue tan loada, que repitió papel enSofía” (Antena 3).

De la combinación de sangre noble y sangre diestra han surgido, también, jocosos purés televisivos: Alfonso de Borbón (“Alfonso, el príncipe maldito”), Cayetana Fitz-James Stuart (La Duquesa), Francisco Rivera (Paquirri), Carmen Cervera (“La baronesa”), Carmen Ordóñez (Carmina), Raphael (Yo sigo siendo aquel), Rocío Durcal… Pero a nivel tonadilleras, la chicha se la disputan Pantoja y Jurado. ¡La copla está que arde! Antena 3 parte con ventaja: “Hoy quiero confesar” tiene recursos muy potentes (Encarna Sánchez, María del Monte, Cachuli, Alhaurín de la Torre, Pollo-a-la-Pantoja, Dientes-Dientes, …) + su tv-movie de la Más Grande de España puede petar el share según lo que acontezca estos días en el Hospital Virgen Macarena. El oportunismo resulta atroz.

De ser así, Telecinco, líder en exprimir cada producto hasta la última gota, ya prepara su revancha: Mario Conde: el biopic. Igual que El Vaquilla, el espiritual banquero tendrá biografía audiovisual. Cualquier día de estos, los de Vasile, a fondo y sin freno, se atreven a airear trapitos sucios en un spin off sobre Jaime de Marichalar.

En cualquier caso, la mayoría de estas mini-series se están rodando con el protagonista de cuerpo presente. En lugar de ser “homenajes” post mortem, resultan bochornosas parodias de personajes que, visto el resultado, hubieran preferido no presenciar semejante bufonada. No es de extrañar que el Rey Juan Carlos I  se “indigne” ante tantas contínuas muestras de decapitación.

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La prostituta inmortal.

Edward Lewis y Vivian, dos seres muy parecidos: los dos joden por dinero.

La han emitido por televisión quince veces en diecisiete años (ocho en TVE, seis en Tele5 y una en Antena3). Desde 1994, con una media casi de una proyección anual, nunca ha bajado de los 3.400.000 espectadores. El domingo pasado, en prime time, Pretty Woman alcanzó una dignísima cuota de pantalla del 19%. ¿Qué tendrá la historia de Putanieves y el Príncipe que tanto nos engancha?

Casi todo el mundo coincide en apuntar que Pretty Woman es el cuento de la cenicienta moderna con todos los ingredientes para embaucar al espectador: romanticismo, una pareja de actores guapos, una banda sonora pegadiza y mucho, mucho riquismo (la suite del ático en el Regent Beverly Wilshire, el Lotus Esprit del 89, unlimited shopping en Rodeo Drive, Prince en la bañera…).  De ser así, ¿debemos concluir que la moraleja de este “peliculón” es: “aunque ahora lleves las botas agarradas con un imperdible, tú también puedes acabar comiendo caracoles en un lujoso restaurante”?

Si nos guiamos por la teoría de que la gente busca en las películas lo que les gustaría vivir, espanta pensar que la aspiración de las féminas actuales sea “ser rescatada” por un rico abogado de dudosa ética profesional (y coleccionista de divorcios). Cabe mencionar, además, que el guapo letrado es un putero (perdonen la ordinariez), cosa que todo el mundo pasa por alto.

Lo curioso del caso, es que el éxito incombustible de Pretty Woman es un fenómeno local: ¡sólo ocurre en España! ¿Será que nuestro país, como Hollywood, es tierra de sueños? Unos se hacen realidad y otros no, pero sigan soñando. Esto es Hollywood; siempre es hora de soñar, así que… ¡sigan soñando!

Ejem.

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Rapiditos, que hay prisa.

Y los padres bienestantes de Gerard, ¿qué pensarán de esta exhibición tan hortera?

Ahora que está tan de moda indignarse, déjenme que exhiba una pancarta de enojo por la falta de respeto de los jugadores del Barça hacia la afición culé. ¿Habrase visto celebración más descafeinada! La rúa fue demasiado sobria; los fuegos artificiales a plena luz del día, un despilfarro; la sardana, un corro de la patata; y los anhelados parlamentos, un auténtico fraude. Hablaron pocos y rápido (ni siquiera hubo mención a los campeones de handbol). Staff y jugadores no tuvieron misericordia con las miles de personas que aguardaron más de tres horas su llegada al Camp Nou. Una de dos: o estamos ante un exceso de títulos y las celebraciones les resultan cansinas, o tenían mucha prisa para fugarse a remover las nalgas con Shakira.

La cantante colombiana también fue una desconsiderada con sus seguidores, pues retrasó el inicio del concierto una hora y media de reloj esperando la llegada de los jugadores. Seguro que la demora les pareció graciosísima a sus fans pericos y merengues y a los miles de padres-acompañantes que los lunes trabajan pronto. Al salir al escenario, Shak no esbozó ni un gesto de disculpa ante sus fans, que, cansados de tanto retraso chorra, habían entonado algunos “fuera fuera” y “pur qués” mourinheros. Y aún hay más: a la señora Piqué  le pareció acertado invitar a subir al escenario a su novio y compañeros. En una escena propia de animadora de Costa Cruceros, Shakira enseñó a remover los glúteos a Xavi, Villa, Pedrito, Busquets, Bojan y, por supuesto, a Su Sol.

Lo de Piqué y Shakira se les ha ido de las manos. Una cosa es hacer con su vida amorosa tanto circo como les plazca; y la otra, faltar al respeto a sus fans. No me malinterpreten: ¡adoro las locuras por amor de las celebrities! Me entusiasman las polibodas de Heidi y Seal, los tatoos de Melanie loves Antonio y la mimetización de David y Victoria. Se trata, no obstante, de excentricidades en pareja que no implican a nadie. Las ñoñerías de Piqué y Shakira, que sí trascienden al entorno profesional,  huelen más a John, Yoko y la disolución de los Beatles.

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Indignación, una palabra demasiado heterogénea.

Los mossos a punto de hacer alarde de sus buenas maneras. Se vaaver un follóng...

Hace un par de semanas, el fenómeno #15M despertó mi curiosidad en Twitter. Algo excepcional se estaba cociendo red mediante. De forma pseudo-espontánea, gentes de Madrid se amontonaban en la Puerta del Sol con un leit motiv común: manifestar su malestar hacia las clases políticas -todas- que juegan a gobernar nuestro maltratado país. En poco menos de 48h, la revolución microbloggera tomó forma de acampada popular en las principales plazas españolas. El gusanillo de presenciar un Mayo del 68 me embriagó.

Presa por el romanticismo revolucionario, entusiasmada con la idea de que, en nuestra cantera, hay alternativas a los ni-nis, y empujada por un impulso periodístico (AKA cotilla), el viernes pre-electoral bajé -pancarta incluida- a Plaça Catalunya para unirme a la causa. Miré, me paseé, emití sonrisas cómplices a los activistas y me fui a casa con un convincente porte idealista.

Al día siguiente, a 24h de las elecciones y aún borracha de insurrección, volví a la #spanishrevolution. Pero a los pocos minutos de llegar, empecé a sentirme fuera de lugar. La plaza se había llenado de oportunistas. El movimiento se había desvirtuado. Demasiado heterogéneo. Entre tanto indignado ya no había alma común. Todo eran Antones Piruleros, cada cual a su juego. El escenario de la rebelión me pareció una dolorosa resaca: la acampada brutejava, los superdemócratas se habían convertido en unos gorrones, las consignas ya no tenían sentido y la imagen internacional del país se había degradado (¿más!). Y entonces me dije: “vols fer el favor de tornar a la feina?!”.

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Concejales en el buzón.

Candidatos, ¡sonrían al pajaríto!

Las campañas electorales son como las rebajas de enero; tanto los políticos como los comerciantes olvidan lo mucho que te han ninguneado durante la temporada alta y, de pronto, se desviven por ti. Te necesitan para sobrevivir y harán lo que sea por llamar tu atención: anunciarse en radio y televisión, empapelar la ciudad, regalar gadgets inútiles y hasta besar bebés o acariciar perritos si lo exige el guión. En el festival del todo-por-tu-voto, el político se transforma en un exnovio insistente del que no consigues librarte. Omnipresente, pesado y empalagoso. Imposible ignorarle.

Esta semana no me quito de encima a Jordi, Xavier, Alberto, Ricard y Jordi 2. Me sonríen desde las marquesinas; me persuaden desde la tele; vociferan en la radio; prodigan simpatía por Twitter; y se cuelan por la cara en mi casa a través del buzón. Desde que la bella tradición epistolar cayera en desuso (¿quién rompió la cadena de las cartas con la peseta?), a una le aflora cierto romanticismo cuando encuentra el buzón inundado de cartas. Por desgracia, los remitentes que acompañan al habitual Sr.Endesa son el Sr.Hereu, Sr.Trias, Sr.Fernández Díaz, Sr.Gomà y Sr.Portabella. Ningún Romeo, qué pena.

Las diferencias presupuestarias saltan a la vista. A Hereu y a Trias les sobran los dineros: envían díptico ¡y carta! Los demás cuentan con budgets más moderados y han tenido que elegir entre una cosa u otra. Portabella me da un poco de penita, lo suyo no llega ni a díptico y encima ha tenido que retratarse con el mediático Laporta (a quien tanto le da Generalitat como Ajuntament, lo importante es estar en Plaça Sant Jaume).

Me sorprende que los verdes usen un papel suave, limpio y fresco; con todos mis respetos por el Sr.Gomà (cuya existencia desconocía, perdonen la ignorancia), por mucho que pongan “mixt paper” me esperaba más de ellos, no sé… como mínimo algo más rugoso y amarillento.

La camiseta Aloha Hawai de la Sra.Hereu me deslumbra mientras advierto cierto rejuvenecimiento entre todos los candidatos. Parece que hayan viajado por el túnel del tiempo, sobre todo los discípulos de Aznar. Al estilista de Rajoy se le ha ido la mano con el Farmatint y Sánchez Camacho parece una concursante de Cambio Radical. Entonces me doy cuenta de que las fotos de los panfletos y sus eslogans son tan llamativos que uno no se molesta en leer las propuestas de cada partido. Y ahora, si me disculpan, les dejo, que tengo mucho papel que reciclar.

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El incipiente declive de Twitter.

Hecho: la moda pasa de moda cuando se pone de moda. Siempre ocurre lo mismo: cuando una tendencia se masifica, pierde su esencia y se desvirtúa. Los que tildaron de payasos a los primeros que se calzaron unas Gazzele, acabaron mimetizándose con las tres rayas de Adidas. La música indie perdió sentido cuando los festivales se convirtieron en Llorets de Mar. Y la obra de Klimt tornó fea cuando sucumbió a la producción de posters en serie. La masificación es el cáncer de médula de toda tendencia que se precie. Ocurre con la moda, la música, el arte, las tribus urbanas y hasta con las zonas de veraneo.

El fenómeno de las redes sociales, en tanto que movimiento sociológico, no iba a ser menos. En la red todo va tan rápido que, mientras unos todavía se preguntan “¿Pero qué pasa? ¿Qué invento es esto?”, otros ya divisan el declive del microblogging. En un tiempo récord (cuestión de meses), Twitter se ha contagiado del peor se los males: la voxpopulización. Lo que al principio resultaba gracioso, ahora es el campo de batalla de la vulgaridad. Demasiada gente; demasiados insultos.

Los más perjudicados son los famosos. De la noche a la mañana se han visto importunados por miles de usuarios que, amparados por un alias, se desahogan de lo lindo con sucios improperios (¡hay que ver la cantidad de palabrotas que caben en 140 caracteres!). Algunos lo llevan bien, como Manu Tenorio, que sorprendió a sus ultrajadores reaccionando con humor ante las descalificaciones que causó su inesperado nuevo look (touché!). Otros, en cambio, son más sensibles a la crítica o, simplemente, están hasta las narices de aguantar provocaciones. Últimamente hemos visto a bastantes famosos militar en la liga de los enojados; como Jordi González, por ejemplo, que espetó un impactante “Telebasura tu puta madre, guapa” a una follower. Luego pidió disculpas.

Twitter se ha masificado de tal manera que, de la libertad de expresión hemos pasado a la anarquía del insulto. Y yo ya no sé si follow o unfollow ¿?…

En la foto:
Reacciones variopintas ante los insultos del pueblo llano. De arriba abajo:
González opta por el recordatorio familiar.
Manu Tenorio se lo toma con humor.
Risto disfruta.
El periodista Nacho Escolar retuitea los innumerables descalificativos que recibe.
Y Guti… Guti… Bueno, digamos que Guti se lanza a la prosa.



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Peñafieles por un día.

¡Que se besen! ¡Que se besen!

Con permiso de Karl Marx, el opio del pueblo ya no es la religión, sino los grandes acontecimientos. Y, al parecer, esta semana andamos de lo más sedados. Si el miércoles los porqués de José Mourihno monopolizaban nuestra ira, hoy ha sido la #RoyalWedding de Prince William of Wales & Miss Catherine Middleton lo que ha anestesiado a 2.000 millones de personas (que no son pocas). Enganchados al televisor e Internet, durante unas horas hemos olvidado nuestras frustraciones cotidianas y nos hemos recreado haciendo de espontáneos locutores expertos en la materia.

Desde primera hora de la mañana, Twitter se ha colapsado de comentaristas reales. Los había de todo tipo. Técnicos en protocolo señalaban la vulgaridad de las furgonetas estilo Alsina Graells que trasladaban a las familias reales. Los republicanos calculaban el presupuesto nupcial. Los jardineros se preguntaban cómo han germinado árboles dentro de una iglesia. Entendidos estilistas encontraban parecidos razonables entre el Alexander McQueen de Catarina y el Corte Inglés de Belén Esteban. Fans de los Grimaldi reclamaban la presencia Ducruet y Hannover. Alcohólicos anónimos se solidarizaban con la resaca del Príncipe Enrique. Peñafielistas rajaban a Doña Letizia. Los malroyeros buscaban a Mohamed Al-Fayed entre los invitados. Los salidos fantaseaban con Pippa Middleton. Y una tal Elisabeth Windsor @Queen_UK nos informaba sobre el estado del banquete: “Gin cocktails and cheese straws all round”.

Hoy, los colaboradores de AR, Susana Griso, Mariló Montero, Marta Fernández, Curri Valenzuela y Josep Cuní han tenido durísimos competidores. Hoy, los tertulianos anónimos, con sus agudísimos aguijones, han ganado la batalla a los anodinos “periodistas” que desfilaban por los platós soltando comentarios de lo más insípidos. Hoy, todos hemos sido entrenadores.

Estoy ansiosa por seguir el bodorrio de Alberto de Mónaco y Charlene Wittstock del próximo 3 de julio...

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Shakira, ¿a tu edad?

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Shaky lanzando besitos amorosos desde el palco de Mestalla. Pero mujer, ¿QUÉ HACES?

La final de la Copa del Rey nos ha dejado dos momentos que, esperamos, nuestra memoria selectiva relegue pronto al olvido. Uno fue la australopitheca actuación de ese Sergio Ramos embriagado de júbilo, que culminó con el rudo arrojamiento del trofeo desde lo alto del autobús. El otro, de los productores de #sufrocomogeno, las tormentosas muecas de la cantante colombiana Shakira (AKA Sra. De Piqué), comportándose como una grupie desde las gradas de Mestalla.

Me dirán que así opera el amor, que la mujer está loca loca loca por los huesitos de su novio y que viva el romanticismo. Y yo les contesto: señores, por Dios, ¡hay una edad para cada cosa! Dejemos los arrumacos públicos, los lengüetazos, las mordeduras de uñas, los vaporosos suspiros de Julieta y el intercambio de miradas de corderito degollado para las adolescentes. Ir por la vida colgando fotos de “su sol” en Twitter con 34 tacos es tan bochornoso como vestirse de Ana García Obregón a los sesenta… Shak, toma nota de Eva Longoria: pasada la treintena, al estadio una va con la revista y la lima de uñas.

Lo que empezó como un romance natural, inocente, algo sencillo, entre Gerard Piqué y Shakira se ha convertido en pocas semanas en un huracán de críticas que rozan la mofa. El agobiante acoso de la prensa (con su desproporcionada atención al #piquetón –¡hasta la prensa generalista se hizo eco!-) tiene algo de culpa pero, por otro lado, la exhibición pública de tanto amor por parte de la colombiana agravia la animadversión que está generando la pareja. A Piqué le salió el tiro por la culta. Concentrado-en-concentrarse en el terreno de juego y obstinado por normalizar su relación, el futbolista no ha reparado en que la eclosión de amor público que hace su famosísima novia provoca el efecto contrario.

¿Le tirará las braguitas esta noche desde el palco del Bernabeu?…

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Diseño honesto (WTF!)

Loveseat de Karim Rashid para Veuve Clicquot. About $10,000 en The Conran Shop (plus the price of the champagne). Un diseño muy honesto de un diseñador muy demócrata.

La semana pasada, durante la bulliciosa Feria del Mueble de Milán, tuve el honor de compartir cena, conversación y risas con algunos de los mejores periodistas y diseñadores de mi generación. A media pizza la cosa se puso interesante. La conversación derivó hacia el terreno de las “tendencias” y la “honestidad”. Observamos que, en el sector del diseño, está de moda afirmar, en primer lugar, que uno no sigue las tendencias y, en segundo lugar, que un diseñador debe ser honesto.

Lo del auge de la honestidad es algo sobre lo que ya habían escrito los periodistas Tachy Mora y Javier Abio de Neo2. Contaron que el alma máter de la consigna “hay que ser honesto” procedía del mítico Royal College of Art londinense, cuna de prolíficas hornadas de diseñadores contemporáneos. Por lo visto, el RCA moldea a sus estudiantes para que sean muy muy honestos.

No pude evitar darle vueltas al tema. En diseño ¿qué significa ser honesto? Si por honestidad entendemos sinceridad, transparencia, honradez, integridad  o decoro, ¿es honesto que una diseñadora presente una y otra vez el mismo diseño para distintas empresas? ¿Es honesto que un diseñador se autoproclame abanderado del diseño democrático cuando sus productos son unaffordable para el 95% del planeta? ¿Es honesto que las vacas sagradas firmen los productos que han diseñado sus empelados-en-la-sombra? ¿Es honesto que siempre se premien a las starletts más famosillas sólo para asegurar la promoción del propio premio? ¿Es honesto que las empresas se cuelguen la etiqueta green cuando la producción y distribución de sus artículos suponen una auténtica aberración para la sostenibilidad del planeta? ¿Es honesto que los periodistas aceptemos viajes y regalos de las empresas (en plan Francisco Camps)?

Honestamente, en conjunto resultamos de lo más deshonesto. Como afirmó uno de los comensales (diseñador, por cierto): tal vez sea el momento de cambiar la mal monopolizada palabra “honestidad” por COHERENCIA.

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Mala praxis ¡y olé!

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Ana Rosa sonscando su exclusiva

Ana Rosa Quintana, quien en tiempos dorados fuera considerada “la Oprah Winfrey hispana” por su influencia en los hogares españoles, vuelve a estar en el punto de mira mediático, precisamente, gracias a sus “facultades persuasivas”.

El pasado 25 de febrero, Quintana se sirvió de sus habilidades para manipular a Isabel García (mujer de Santiago Del Valle, imputado por el Caso Mari Luz Cortés) y obtener, palabras textuales, la exclusiva “que todo periodista hubiera querido dar”. Su equipo incomunicó a la mujer de Del Valle (con retraso mental) para asegurarse de que confesara, en directo y en exclusiva para El programa de Ana Rosa, que su marido “se cargó a la niña” (algo que la mujer había negado anteriormente en el juicio oficial).

Lejos de avergonzarse por su falta de código deontológico y sus inexistentes escrúpulos, AR ha sacado pecho y se ha declarado orgullosísima de su labor como inspectora policial. Habrá que añadir, pues, el título de Angela Lansbury a su larga lista de hitos y credenciales, tales como: periodista, presentadora, empresaria, editora, mamá a los 48, cuatro veces ganadora del Premio TP de Oro y una del Micrófono de Oro, ex de Alfonso Rojo y de José Luis Garci… Sin olvidar su título más célebre, el de pseudo-escritora.

Es sorprendente cómo, a pesar de su atroz praxis profesional (tanto en el reciente Caso Mari Luz como en el libro Sabor a Hiel que plagió, no escribió, firmó, y, según parece, ni siquiera leyó), Ana Rosa Quintana no se plantea rectificar, ni mucho menos dimitir.

Tampoco lo hizo Lydia Lozano tras su bochornosa metedura de pata en el asunto Ylenia Carrisi (primogénita de Al Bano y Romina Power desparecida en extrañas circunstancias en 1994 y que la tertuliana aseguró haber encontrado en 2005); ni después de haber sido engatusada por un falso novio de Paulina Rubio en el reportaje  La Gran Mentira del Corazón de El Mundo TV, donde se demostró la completa falta de rigor de Lozano.

He visto despedir y dimitir a personas por mucho menos y con mucha más dignidad. Me pregunto cómo es posible que gente como Quintana o Lozano, cuya mediocridad profesional se ha evidenciado en más de una ocasión, sigan trabajado a lo ancha-es-Castilla, sin pudor ni rubor, tras haberse quedado, perdonen la expresión, con el culo al aire. Supongo que, mientras la audiencia vaya aplaudiendo, ellas seguirán cacareando.

 

Las imágenes de El Mundo TV, que muestran cómo la reportera Patricia Pardo exprime

a la mujer con deficiencia mental para lograr su confesión, no tienen desperdicio…

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Las velinas de Telecinco.

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Arriba: Pilar Rubio lo intentó hasta con lágrimas y mocos. Centro: Tania Llasera, teta, Yola y Kiko. Abajo: Sara Carbonero entrevistada por JJ.Vázquez, nivelón.

Pilar Rubio acaba de catar el cruel sistema de evaluación de Telecinco: el share. Por muchas carnes, cueros y lágrimas de cocodrilo exhibidas en las escasas cuatro galas de OT 2011 (con cambio de día de emisión incluido), la cadena amiga ha cerrado el grifo del fracasado Talent Show (cuyo coste estimaba 800.000€ por programa) y a La Pili de SLQH le han llovido las críticas por todos lados. ¿Hasta qué punto le ha compensado emigrar de La Sexta para cobijarse en Chez Vasile?

“Si somos tantas las que nos vamos a Telecinco por algo será”, afirmó una defensiva Tania Llasera post-tetazo, entre justificaciones y alegatos. Curiosamente, el caso de la tránsfuga Llasera es aún más incomprensible que el de Pilar Rubio. ¿Cómo es posible que prefiriera cambiar la compañía de El Gran Wyoming por la de Yola Berrocal y Kiko Hernández o los reportajes a pie de calle por luchas de barro en bikini y un topless “accidental”?

Pero si hablamos de exSextas y pop-up-velinas, no podemos olvidar a la prófuga más codiciada: Sara Carbonero, quien, gracias a Vasile, transmutó de la-mona-de-los-deportes a Velina Reina: chica-de Casillas, asidua al sarao rosa, cotizada photocaller, trendsetter de púberes, campanera de Nochevieja, pelo Pantene, cuerpo Kelloggs, pies Puma y recién estrenada mamoplastia (hincharse las pechugas es un must de la factoría).

Hace un par de semanas, la periodista Olga Viza le decía al Follonero que “en la televisión actual se valora más el continente que el contenido”. Las afiliaciones a  Telecinco de las hermosas exSextas dan fe de ello. No obstante, el patacazo de Pilar Rubio pone en evidencia que, sin contenido, no hay continente que valga, y que la belleza tiene fecha de caducidad. Ni siquiera el packaging pluscuamperfecto de La Pili ha logrado mantener a flote OT 2011. ¿Será el inicio del fin de las velinas? ¿Significará que existe esperanza para recuperar “contenidos” tipo Viza, Mateo o Calaf?

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Gerard Piqué, gente corriente.

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"Aqui teneis la foto celebrando el cumple!!" @3gerardpique dixit via Twitter. Gente corriente.

Lo que acaba de hacer Gerard Piqué se merece un aplauso al son de “¡bravo! ¡bravíííísimo!”, una ola, una mascletà, un pilar de 8 amb folre i manilles y un eufórico “Moc, moc!“. El comportamiento del defensa azulgrana ha sido un ejemplo de “normalidad” para todos los divos y divinas adictos a las exclusivas, así como una sonora colleja a los usureros del papel couché.

A medida que los rumores de su cada vez más verosímil romance con la cantante colombiana Shakira aumentaban, también lo hacía la tasación de las imágenes que confirmaran dicha relación. La semana pasada la foto ya se cotizaba a 150.000€ (25M de pesetas para los que seguimos contando con los dedos). El valor de ésta variaba, no obstante, según la calidad de la imagen (rostros más o menos reconocibles), el nivel de melosidad de los tortolitos (a mayor pegajosidad, mayor remuneración) y el comprador (una revista con ediciones internacionales como la reluciente ¡HOLA! podría llegar a pagar 300.000€).  Por semejante cuantía, hasta los amigos y compañeros del futbolista bromeaban con fotografiarles ellos mismos y sacar una buena tajada del asunto. Pero no lo hicieron.

Esta noche el propio Piqué, con toda la naturalidad del mundo, ha colgado en Facebook la codiciada foto. Francamente, la imagen es de lo más anti-glamurosa del mundo, tipo foto de verbena, llena de extras (Carles Puyol, Malena Costa, Bea Matallana…), pantys picardía, bijoux, tachuelas, polipiel, baja calidad fotográfica y cero frenesí carnal. Pero ahí está, disponible para todo el mundo, a cero eurillos y con más de 2.600 comentarios sin censura.

Con ella, Gerard Piqué frustra cualquier posible exclusiva a los paparazzi, vampiros y buscavidas. Además, involuntariamente, confirma que es un chaval de lo más normal, que va caminando por la vida muy bien asesorado y que cuenta con buenos amigos.

Sólo queda decirles a los arrogantes Bardelinos (Penélope Cruz & Javier Bardem), que, si tanto desean ser tratados como common people, que n’aprenguin!

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Bullying a los twitteros famosos.

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La sentencia que le sentenció.

Resulta que a David Bisbal, el ingenuo chico del “in-creíble”, se le ocurrió colgar una frase en su Twitter a favor o en contra de no se sabe muy bien el qué. O quería defender el turismo como fuente de ingresos de Egipto, o es un apasionado de las Pirámides de Guiza, o tal vez deseaba el fin de la revuelta egipcia. Vete tú a saber cuál era la intención de, cito textualmente, “Nunca se han visto las piramides de egipto tan poco transitadas, ojala que pronto se acabe la revuelta”.

El caso es que, en cuestión de nanosegundos, explotó ¡La Gran Hoguera de las Vanidades! Ayer, de pronto, Twitter se colmó de eruditos que se regocijaban de la ignorancia del almeriense; todo el mundo sabía mucho sobre la situación que está viviendo Egipto y sobre geografía y turismo en general. Surgieron sabios y doctorados por doquier, ¡gente cultísima! Colocaron a Bisbal en el centro de la diana y disfrutaron disparando dardos envenenados contra el hazmerreír del día. Amparados por el grupito #turismobisbal (porque solos no somos nadie y, en cambio, con un hashtag compartido nos convertimos en los más ingeniosos de la red) y desde el cómodo anonimato de un alias, empezó un brutal ataque hacia el pobre chaval que, sinceramente, muchas luces no tendrá, pero maldad tampoco.

No lo neguemos, ¡resulta tan tentador cebarse con los famosotes en la red! Podemos maltratarlos y satisfacer esa necesidad imperiosa de destruir a los demás para sentirnos mejor con nosotros mismos (sobre todo si los demás son ricos, guapos y famosos). El 2.0 nos brinda una oportunidad única para conocer a las celebrities têt à têt, sin intermediarios, sin representantes, sin terceras personas que filtren qué (¡y cómo!) escriben, a favor de quién se postulan o qué bobadas sueltan. Twitter se ha convertido en una pesadilla para los publicistas de los famosos (¡ardua labor de limpieza de imagen les ha caído encima!). Para los internautas, en cambio, ha devenido una forma practicar bullying sin piedad. Lo curioso es que, mientras los versados acosadores se ríen de la necedad del famoso en cuestión, no se percatan de que el primer paso de la ignorancia es presumir de saber (Baltasar Gracián dixit). Analicen, sino, los cultísimos twitts diarios de todos estos  hostigadores que se las dan de lumbreras…

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Los Bardelinos.

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Gran “exclusiva” de ¡Hola! con fotos de archivo.

“Valoramos nuestra privacidad. Para nosotros es difícil aparecer en público aun cuando estamos acostumbrados a estar bajo mucha atención en España”, declaró hace pocas semanas un Javier Bardem pre-papá a la prensa norteamericana. Y añadió ”no somos Angelina Jolie y Brad Pitt.

En su afán por preservar esta privacidad que tanto afirman codiciar, el comportamiento de Penélope Cruz y Javier Bardem resulta cada día más ridículo. Si tanto desean ser tratados como gente corriente y pasar desapercibidos, ¿por qué no actúan como personas normales y dejan de montar penosos numeritos de pueblerinos venidos a más? ¿A qué viene este espectáculo de parir en el Cedars-Sinaí de Beberly Hills? ¿Qué es esa tontería de no revelar el sexo del bebé? ¿Y lo de contratar a un ejército de seguridad privada para la salida del hospital de Pe? ¿Sacarán al bebé vestido de fantasma como los malogrados hijos de Michael Jackson? ¿No sería más fácil hacerse la foto de rigor ante todos los medios e irse a casa tan tranquilos? ¿Y para qué demonios necesita el niño nacionalidad yanki si sus padres (y abuelos) son más castizos que la las castañuelas? Qué ganas de dar la nota… Ni siquiera los Becks se comportan con tanta vanidad.

Son ellos, sólo ellos, los que han generado este circo que les envuelve desde que iniciaran su tan hermético noviazgo. No ha habido nada “normal” en esta relación: un posado-robado en las Maldivas que confirmó su idilio en ¡Hola!; una lamentable llegada a la Gala de Los Premios Goya por separado; una boda secreta en las Bahamas (¡de lo más corriente!); ataques a la prensa española a través medios yankis; o una repentina confesión pública en el Festival de Cannes “Comparto esta alegría con mi amiga, mi compañera y mi amor, Penélope: te debo muchas cosas y te quiero mucho”. Muy cutre. Entre esto y ponerse a saltar en el sofá de Oprah no hay mucha diferencia.

No es necesario que Bardem vaya por los puestos proclamando que no son los Brangelina. Es evidente que ni por asomo se parecen. Pitt y Jolie tienen algo de lo que ellos carecen: ¡glamour!. Digamos que, entre otras cosas, hay un abismo entre el look desaliñado y marihuanero del Brad Pitt más hardcore y la guarrería cotidiana de Javier Bardem.

Lo de Penélope y Javier se acerca más al rollito estrella-hollywoodiense-que-vive-en-una-película-y-ha-perdido-todo-contacto-con-el-mundo-real. Lo suyo es, pues, más tipo Tom Cruise (ex-bf de Pe). Me pregunto cuánto tardarán los Bardelinos en hacer de su hijo la versión masculina de Suri,  tirarse al rollo de la Cienciología o si ya se habrán zampado un cacho de la placenta del bebé.

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Exhibicionistas vs. Voayeurs.

Amigos, conocidos, saludados.

El fenómeno de las redes sociales es apasionante, una auténtica revolución, una transformación radical en todos los ámbitos de nuestra vida: económica, política, cultural y, claro está, social. Facebook, por ejemplo, nos brinda la oportunidad de realizar fascinantes análisis antropológicos. La red reina es un auténtico hervidero de nuevos comportamientos, como los derivados del grado de participación pública de sus usuarios. Veamos…

En primer lugar tenemos el grupo de Los Exhibicionistas, que debemos dividir entre: Los Mediocres (AKA Mataos) y Los Cheerleaders (AKA Agitadores).

Los de la primera especie, Los Exhibicionistas Mediocres, suelen ser personas no necesariamente extrovertidas ni triunfadoras en la vida 3D que recurren a la red para desinhibirse. Poseen el denominado “complejo Truman Burbank” y, mediante el relato engominado de su vida, pretenden dar sentido a una anodina existencia. Usan la fórmula “para tener éxito hay que proyectar una imagen de éxito” (Annette Bening, American Beauty, 1999) y, de esta manera, satisfacen sus ansias de notoriedad.  Facebook es, pues, su particular paseo de la fama: un lugar para pavonearse y publicitarse.

Sus comentarios suelen ser bastante insustanciales: “Hoy es lunes” (gracias por la información); “Hace frío” (¿no me digas?); “He desayunado CornFlakes (y a mí, ¿qué?); “Mi hijo ha hecho caca” (#etfelicitofill); “¡Me voy a Londres hasta el miércoles!” (¡INCISO! El tema viajes da mucho juego: por un lado, El Exhibicionista Mediocre cree aparentar ser “de mundo”, alguien viajado, culto; por el otro, proporciona valiosa información a cacos, bandoleros y raptores).

El Exhibicionista Cheerleader, en cambio, es el bueno, el de verdad, el que aporta chicha, anima el cotarro y engancha a miles de followers (confesos o encubiertos). Conocedor de su liderazgo 2.0, relata su vida minuto a minuto aportando jugosos detalles salsa-roseros. A veces lo hace abiertamente, con comentarios como “Comilona a lo grande en el Cornelia con Bassols y Guzmán. Pedo considerable. Imposible trabajar esta tarde” (es importante implicar a otros seres para crear corrillo y denteras). Otras, en cambio, envía mensajes subliminales para generar todo tipo de cábalas y rumores. Por ejemplo, si en su estado anuncia “Available” y ha borrado las fotos de su ex, nos comunica que han partit peres y espera un poco de feedback por parte de sus 500 “amigos” (normalmente la cosa acaba  conviertiéndose en una animada tertulia de peluquería).

El Exhibicionista Cheerleader, además, se sirve de temas de rabiosa actualidad para generar bullicio en su hiperactivo muro: tan pronto es súper-hincha de la selección española, como fiel defensor de Julian Assange, detractor de La Ley Sinde o fan de Jo no espero el Papa.

Por otro lado, mientras ellos avivan la red, otro grupo, Los Voayeurs, observan, juzgan, critican, se ríen y se escandalizan desde la penumbra de su aparente invisibilidad. Son los topos 2.0 (muy fans de “ojos que no ven, Facebook que te lo cuenta). Creen ser incorpóreos, pero se sabe de su existencia por las migas de pan que dejan en sus translúcidas apariciones: de vez en cuando cambian su foto de perfil, fan dissabte de su muro o emiten tímidas señales de vida con discretos “me gusta” o uniéndose a algún grupo que no les pega para nada, tipo Ponerse las pegatinas de la fruta en la frente.

Y es así cómo, desde su acomodada sombra, Los Voayeurs dan cancha a Los Exhibicionistas y Los Exhibicionistas dan vidilla a Los Voayeurs. Porque sin los unos, los otros no existirían.

Y tú, ¿de quién eres?

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