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Bye bye dientes-dientes.

The new Isabel sigue la estrategia de 'El Padrino': ahora mantiene cerca a sus enemigos.

¿Les ha ocurrido alguna vez que, al encender la radio, abrir un periódico o navegar por internet han pensado que era 28 de diciembre? A mí me pasa cada día. La realidad de nuestros tiempos modernos es tan inverosímil que parece que vivamos atrapados en el Día de los Santos Inocentes. Una rica duquesa octogenaria que se casa con un funcionario de incierta sexualidad, un filósofo que anuncia pan de molde en la tele o un reality show que empareja granjeros calientes con chicas de motel son algunas de las aparentes inocentadas que me han sobrecogido últimamente. La más impactante, sin embargo, es la nueva devoción que profesa Isabel Pantoja por Telecinco y vicever$a.

Después de años de manifiesto odio mutuo en los que fuimos testigos de gritos, mofas, injurias, calumnias, querellas y todos esos vocablos que se braman en los platós de Fuencarral, ahora la tonadillera y el indestructible J.J.Vázquez sólo tienen florecitas que propinarse. El almibarado reencuentro de mamá-Pantoja con su pequeño-del-alma en Supervivientes 2011 (momento televisivo que algunos osaron tildar de histórico), ha significado una nueva etapa para la almost-alcadesa y el ex-Tomate. A Isabel se le han caído los dientes-dientes: participará en la nueva edición de ¡Más que Baile! y posiblemente dará las campanadas de Nochevieja en Telecinco junto a su pimpollo.

Ante tal transfuguismo, sólo caben dos posibilidades lógicas: o las cuentas de la tonadillera están más peladas que un huevo y necesita ingresos inminentes, o Isabel es una vieja diabla que ha aprendido cuán importante es tener cerca a sus enemigos. ¿Habrá tenido algo que ver su amiguísima consejera Chelo García Cortés, exDEC y actual colaboradora de Mediaset?

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El riquismo transitorio.

Ahora resulta que el Ferrari era alquilado.

No le faltaba razón a Carmen Lomana cuando, en un desafortunado intento de falsa solidaridad, soltó que “el pobre de siempre no nota la crisis porque ya está acostumbrado”. Visionaria de su tiempo, en el año 2009, cuando fue descubierta por Comando Actualidad (TVE) en un reportaje sobre las shopaholics de la milla de oro madrileña, una soon-to-be-famous Lomana afirmó que la crisis le afectaba indirectamente porque tenía “amigos con mucho patrimonio, pero no pueden venderlo y no tienen cash para ir al supermercado. Sus palabras, infravaloradas entonces, fueron un avance de lo que iba a sucederles a los nuevoricos de nuestro país.

Durante los primeros años de crisis, mientras los pobres seguíamos siendo pobres, amenizamos nuestra desdicha con las abundancias de las ricachonas de Casadas con Hollywood / Miami (Cuatro), The Real Housewives (las auténticas Desesperadamente Ricas, Nova) o My Super Sweet 16 (MTV, ¡adorables criaturas!). A nivel local, Mujeres Ricas (La Sexta) pretendía lo propio con sus Mariana Nannis, Mar Segura lo-quiero-ya o las divorciadísimas hermanas Collado.

El tiempo, sin embargo, ha demostrado que los diamantes no son eternos (eso, o el casting de ricas autóctonas fue un bluf). Nuria Collado, la misma que apareciera tumbada a lo starlette sobre el reluciente capó de un Ferrari rojísimo, ahora participa en reportajes tipo los-ricos-también-lloran donde oferta su casa buena, bonita y cara. Siguiendo el precedente de homólogas como Carmen Martinez-Bordiú, Cristina Hoyos o Sarita Montiel, a la exriquisima no se le han caído los anillos a la hora de anunciar su urge-vender en un video promocional. Está claro que cuando el patrimonio ahoga y no hay cash para el súper, no hay vergüenza que valga. Entonces es cuando nosotros reímos, idealista.com se frota las manos y los ricos se acostumbran, también, a ser pobres.

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La movida de Leticia.

Leticia Sabater sigue con mucha marcha desde 1996.

Poco le ha durado el reinado a Irene como Miss Huracán Estival. Este verano, la aparición de Leticia Sabater en el programa Otra Movida de Florentino Fernández (Neox) ha sido lo más devastador de la televisión. Más sorprendente que Rosa Benito achantado a su marido en directo (Supervivientes). Más dramático que el descompasado playback “Nachopolízate de Víctor Sandoval (Sálvame). Incluso más impactante que la felación de Antonio Canales a su novio en Sitges (DEC). Lo de la marchosa presentadora ha sido un ciclón que pilló por sorpresa a los propios presentadores del programa.

La ex-animadora infantil saltó al plató aceleradísima, disfrazada con un mirco-short a ras de lo permitido en horario protegido. Se colgó como un koala de la barriga de Flo. Cantó sobre la mesa. Enseñó culo. Desplegó cirugía. Meneó el postizo-de-Lucrecia. Se avalanchó sobre Dani Martínez (que espetó un seco “¡eh!¡sin tocar!”). Explicó chistes. Compuso un pareado. Buscó quorum con un público que no respondió a ninguna de sus frases “célebres”. Y bromeó –dos veces- con el embarazoso affaire Canales. Nadie le rió la poca gracia, pero a ella no le importó.

Ésa es la “grandeza” de esta señora: su colosal autoestima. Es inoportuna, cargante, desmesurada, penosa y todo lo contrario a graciosa. Pero a ella le da igual porque está encantada de haberse conocido. Derrocha más amor propio que Aída Nízar. Se viste de Samantha Fox, aunque brote un antiestético flotador de su tripa. Se siente sexy. Se cree chistosa. Se tiene por inteligente. Se cree poseedora de una carrera brillante. Se mofa de la Obregón: “¡Yo no soy bióloga!” (sic). Piensa que es un hito histórico de nuestro país. Se proclama artista multidisciplinar con capacidad para hacer de todo y presume de grandes audiencias. De lo primero ni idea, pero de lo segundo, está claro que sí: el martes consiguió ser TT mundial en Twitter.

Al final resultará que Felipe se equivocó de Letizia…

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Celebrities anti-imagen.

Jessica Biel sí; Reese Witherspoon, sí; Mike Sorrentino, NO.

¿Alguna vez les ha ocurrido que, en la cola de Zara, han decidido plantar una blusa en el mostrador al comprobar que la chabacana de delante había elegido la misma prenda? Eso, a gran escala, es lo que quiere evitar la marca americana Abercrombie & Fitch. La firma, que invierte millones de dólares en proyectar una imagen de high apparel y truly American lifestyle para jóvenes adinerados, ha optado por pagar a uno de los protagonistas del programa Jersey Shore (Mtv) para que deje de vestir sus prendas. En opinión de la compañía: “la asociación del señor Sorrentino con nuestra marca es muy perjudicial para nuestra imagen”.

Mike “The Situation” Sorrentino es uno de los ocho participantes de este reality show basado en la convivencia de un grupo de jóvenes malhablados, en su mayoría italoamericanos, devotos del sexo, la fiesta y el alcohol. El mensaje que emite Sorrentino es, por consiguiente, más cercano al del poligonero común que al de los pipiolos con torso descubierto que la marca recluta para dar la bienvenida en sus flagship stores.

Hasta la fecha, se habían visto casos de diseñadores que huían de ciertos famosos (véase Belén Esteban y su vestido de novia), pero lo de Abercrombie & Fitch plantea un nuevo concepto en los budgets de marketing: la inversión en anti-branding, cuya máxima llegará el día en el que la marca pague a la “celebrity-anti-imagen” para que vista ropa de la competencia (con grandes y visibles logos, a ser posible).

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De cuerpo presente.

Momentazo "saludo real" en el telefilm "Felipe y Letizia". Tan igualitos a los originales que parecen réplicas de cera.

En la tele, como en la vida misma, las modas se acontecen en bloque. Tras la saturación de gladiadores (“Roma”, “Spartacus”, “Hispania”…), ahora toca un fascículo mucho más ameno: los biopics. Entramos en la etapa más desternillante de la televisión desde que desapareciera Benny Hill.

Divididas en tres subgéneros, las miniseries biográficas de nuestros grandes iconos se ordenan por: 1) monarquía, 2) folclore, 3) payasos.

El producto pionero que encabezó esta new wave fue Felipe y Letizia” (Telecinco). Con un notable 20,7% de share, se convirtió -sin pretenderlo- en la serie de humor más comentada en Twitter. Según declaró el experto Peñafiel, la tv movie “retrata a la Princesa tal y como es: ególatra y soberbia”. Con “Felipe y Letizia” constatamos cuánta mala leche pueden llegar a tener los guionistas y descubrimos la habilidad de Juanjo Puigcorbé para inventar un extraño acento Borbón. Su interpretación de Juan Carlos I fue tan loada, que repitió papel enSofía” (Antena 3).

De la combinación de sangre noble y sangre diestra han surgido, también, jocosos purés televisivos: Alfonso de Borbón (“Alfonso, el príncipe maldito”), Cayetana Fitz-James Stuart (La Duquesa), Francisco Rivera (Paquirri), Carmen Cervera (“La baronesa”), Carmen Ordóñez (Carmina), Raphael (Yo sigo siendo aquel), Rocío Durcal… Pero a nivel tonadilleras, la chicha se la disputan Pantoja y Jurado. ¡La copla está que arde! Antena 3 parte con ventaja: “Hoy quiero confesar” tiene recursos muy potentes (Encarna Sánchez, María del Monte, Cachuli, Alhaurín de la Torre, Pollo-a-la-Pantoja, Dientes-Dientes, …) + su tv-movie de la Más Grande de España puede petar el share según lo que acontezca estos días en el Hospital Virgen Macarena. El oportunismo resulta atroz.

De ser así, Telecinco, líder en exprimir cada producto hasta la última gota, ya prepara su revancha: Mario Conde: el biopic. Igual que El Vaquilla, el espiritual banquero tendrá biografía audiovisual. Cualquier día de estos, los de Vasile, a fondo y sin freno, se atreven a airear trapitos sucios en un spin off sobre Jaime de Marichalar.

En cualquier caso, la mayoría de estas mini-series se están rodando con el protagonista de cuerpo presente. En lugar de ser “homenajes” post mortem, resultan bochornosas parodias de personajes que, visto el resultado, hubieran preferido no presenciar semejante bufonada. No es de extrañar que el Rey Juan Carlos I  se “indigne” ante tantas contínuas muestras de decapitación.

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La prostituta inmortal.

Edward Lewis y Vivian, dos seres muy parecidos: los dos joden por dinero.

La han emitido por televisión quince veces en diecisiete años (ocho en TVE, seis en Tele5 y una en Antena3). Desde 1994, con una media casi de una proyección anual, nunca ha bajado de los 3.400.000 espectadores. El domingo pasado, en prime time, Pretty Woman alcanzó una dignísima cuota de pantalla del 19%. ¿Qué tendrá la historia de Putanieves y el Príncipe que tanto nos engancha?

Casi todo el mundo coincide en apuntar que Pretty Woman es el cuento de la cenicienta moderna con todos los ingredientes para embaucar al espectador: romanticismo, una pareja de actores guapos, una banda sonora pegadiza y mucho, mucho riquismo (la suite del ático en el Regent Beverly Wilshire, el Lotus Esprit del 89, unlimited shopping en Rodeo Drive, Prince en la bañera…).  De ser así, ¿debemos concluir que la moraleja de este “peliculón” es: “aunque ahora lleves las botas agarradas con un imperdible, tú también puedes acabar comiendo caracoles en un lujoso restaurante”?

Si nos guiamos por la teoría de que la gente busca en las películas lo que les gustaría vivir, espanta pensar que la aspiración de las féminas actuales sea “ser rescatada” por un rico abogado de dudosa ética profesional (y coleccionista de divorcios). Cabe mencionar, además, que el guapo letrado es un putero (perdonen la ordinariez), cosa que todo el mundo pasa por alto.

Lo curioso del caso, es que el éxito incombustible de Pretty Woman es un fenómeno local: ¡sólo ocurre en España! ¿Será que nuestro país, como Hollywood, es tierra de sueños? Unos se hacen realidad y otros no, pero sigan soñando. Esto es Hollywood; siempre es hora de soñar, así que… ¡sigan soñando!

Ejem.

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Peñafieles por un día.

¡Que se besen! ¡Que se besen!

Con permiso de Karl Marx, el opio del pueblo ya no es la religión, sino los grandes acontecimientos. Y, al parecer, esta semana andamos de lo más sedados. Si el miércoles los porqués de José Mourihno monopolizaban nuestra ira, hoy ha sido la #RoyalWedding de Prince William of Wales & Miss Catherine Middleton lo que ha anestesiado a 2.000 millones de personas (que no son pocas). Enganchados al televisor e Internet, durante unas horas hemos olvidado nuestras frustraciones cotidianas y nos hemos recreado haciendo de espontáneos locutores expertos en la materia.

Desde primera hora de la mañana, Twitter se ha colapsado de comentaristas reales. Los había de todo tipo. Técnicos en protocolo señalaban la vulgaridad de las furgonetas estilo Alsina Graells que trasladaban a las familias reales. Los republicanos calculaban el presupuesto nupcial. Los jardineros se preguntaban cómo han germinado árboles dentro de una iglesia. Entendidos estilistas encontraban parecidos razonables entre el Alexander McQueen de Catarina y el Corte Inglés de Belén Esteban. Fans de los Grimaldi reclamaban la presencia Ducruet y Hannover. Alcohólicos anónimos se solidarizaban con la resaca del Príncipe Enrique. Peñafielistas rajaban a Doña Letizia. Los malroyeros buscaban a Mohamed Al-Fayed entre los invitados. Los salidos fantaseaban con Pippa Middleton. Y una tal Elisabeth Windsor @Queen_UK nos informaba sobre el estado del banquete: “Gin cocktails and cheese straws all round”.

Hoy, los colaboradores de AR, Susana Griso, Mariló Montero, Marta Fernández, Curri Valenzuela y Josep Cuní han tenido durísimos competidores. Hoy, los tertulianos anónimos, con sus agudísimos aguijones, han ganado la batalla a los anodinos “periodistas” que desfilaban por los platós soltando comentarios de lo más insípidos. Hoy, todos hemos sido entrenadores.

Estoy ansiosa por seguir el bodorrio de Alberto de Mónaco y Charlene Wittstock del próximo 3 de julio...

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Mala praxis ¡y olé!

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Ana Rosa sonscando su exclusiva

Ana Rosa Quintana, quien en tiempos dorados fuera considerada “la Oprah Winfrey hispana” por su influencia en los hogares españoles, vuelve a estar en el punto de mira mediático, precisamente, gracias a sus “facultades persuasivas”.

El pasado 25 de febrero, Quintana se sirvió de sus habilidades para manipular a Isabel García (mujer de Santiago Del Valle, imputado por el Caso Mari Luz Cortés) y obtener, palabras textuales, la exclusiva “que todo periodista hubiera querido dar”. Su equipo incomunicó a la mujer de Del Valle (con retraso mental) para asegurarse de que confesara, en directo y en exclusiva para El programa de Ana Rosa, que su marido “se cargó a la niña” (algo que la mujer había negado anteriormente en el juicio oficial).

Lejos de avergonzarse por su falta de código deontológico y sus inexistentes escrúpulos, AR ha sacado pecho y se ha declarado orgullosísima de su labor como inspectora policial. Habrá que añadir, pues, el título de Angela Lansbury a su larga lista de hitos y credenciales, tales como: periodista, presentadora, empresaria, editora, mamá a los 48, cuatro veces ganadora del Premio TP de Oro y una del Micrófono de Oro, ex de Alfonso Rojo y de José Luis Garci… Sin olvidar su título más célebre, el de pseudo-escritora.

Es sorprendente cómo, a pesar de su atroz praxis profesional (tanto en el reciente Caso Mari Luz como en el libro Sabor a Hiel que plagió, no escribió, firmó, y, según parece, ni siquiera leyó), Ana Rosa Quintana no se plantea rectificar, ni mucho menos dimitir.

Tampoco lo hizo Lydia Lozano tras su bochornosa metedura de pata en el asunto Ylenia Carrisi (primogénita de Al Bano y Romina Power desparecida en extrañas circunstancias en 1994 y que la tertuliana aseguró haber encontrado en 2005); ni después de haber sido engatusada por un falso novio de Paulina Rubio en el reportaje  La Gran Mentira del Corazón de El Mundo TV, donde se demostró la completa falta de rigor de Lozano.

He visto despedir y dimitir a personas por mucho menos y con mucha más dignidad. Me pregunto cómo es posible que gente como Quintana o Lozano, cuya mediocridad profesional se ha evidenciado en más de una ocasión, sigan trabajado a lo ancha-es-Castilla, sin pudor ni rubor, tras haberse quedado, perdonen la expresión, con el culo al aire. Supongo que, mientras la audiencia vaya aplaudiendo, ellas seguirán cacareando.

 

Las imágenes de El Mundo TV, que muestran cómo la reportera Patricia Pardo exprime

a la mujer con deficiencia mental para lograr su confesión, no tienen desperdicio…

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Las velinas de Telecinco.

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Arriba: Pilar Rubio lo intentó hasta con lágrimas y mocos. Centro: Tania Llasera, teta, Yola y Kiko. Abajo: Sara Carbonero entrevistada por JJ.Vázquez, nivelón.

Pilar Rubio acaba de catar el cruel sistema de evaluación de Telecinco: el share. Por muchas carnes, cueros y lágrimas de cocodrilo exhibidas en las escasas cuatro galas de OT 2011 (con cambio de día de emisión incluido), la cadena amiga ha cerrado el grifo del fracasado Talent Show (cuyo coste estimaba 800.000€ por programa) y a La Pili de SLQH le han llovido las críticas por todos lados. ¿Hasta qué punto le ha compensado emigrar de La Sexta para cobijarse en Chez Vasile?

“Si somos tantas las que nos vamos a Telecinco por algo será”, afirmó una defensiva Tania Llasera post-tetazo, entre justificaciones y alegatos. Curiosamente, el caso de la tránsfuga Llasera es aún más incomprensible que el de Pilar Rubio. ¿Cómo es posible que prefiriera cambiar la compañía de El Gran Wyoming por la de Yola Berrocal y Kiko Hernández o los reportajes a pie de calle por luchas de barro en bikini y un topless “accidental”?

Pero si hablamos de exSextas y pop-up-velinas, no podemos olvidar a la prófuga más codiciada: Sara Carbonero, quien, gracias a Vasile, transmutó de la-mona-de-los-deportes a Velina Reina: chica-de Casillas, asidua al sarao rosa, cotizada photocaller, trendsetter de púberes, campanera de Nochevieja, pelo Pantene, cuerpo Kelloggs, pies Puma y recién estrenada mamoplastia (hincharse las pechugas es un must de la factoría).

Hace un par de semanas, la periodista Olga Viza le decía al Follonero que “en la televisión actual se valora más el continente que el contenido”. Las afiliaciones a  Telecinco de las hermosas exSextas dan fe de ello. No obstante, el patacazo de Pilar Rubio pone en evidencia que, sin contenido, no hay continente que valga, y que la belleza tiene fecha de caducidad. Ni siquiera el packaging pluscuamperfecto de La Pili ha logrado mantener a flote OT 2011. ¿Será el inicio del fin de las velinas? ¿Significará que existe esperanza para recuperar “contenidos” tipo Viza, Mateo o Calaf?

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Pelotas de Oro.

Ricky_Gervais_vs_Hollywood

Ricky Gervais. ¡Arde Hollywood!

La nueva década empieza con el fin de la inmunidad de las estrellas hollywoodienses. Tal y como sucedió anteriormente a las monarquías europeas, en la era moderna ya no existen celebrities intocables. Ni la sangre azul ni el glamour garantizan el cobijo de la mofa. Durante la 68º Gala de los Globos de Oro, el showman Ricky Gervais evidenció que hoy en día cualquier persona, por famosa que sea, es susceptible de recibir comentarios burlescos uncensured. Ya no quedan castas exentas de crítica.

Ricky Gervais, actor, guionista, músico y, sobretodo, comediante, consiguió ruborizar a la meca del cine con su sarcástica presentación en los Globos de Oro 2011. Con una sonrisa pícara y un magnífico guión, se lanzó a recitar verdades ante la creme du la creme del cine y la televisión estadounidense. Bromeó con el alcoholismo de Charlie Sheen. Insinuó, en presencia de Angelina Jolie y Johnny Depp, que su último film, The Tourist, es una porquería. Tildó a Cher de vejestorio. Se descojonó de los “efectos especiales” de Sex & The City 2 (“Vamos, chicas, ¡sabemos vuestra edad!”). Se cachondeó de la boda de Hugh Hefner con una pipiola 60 años menor. Se atrevió con el antisemitismo de Mel Gibson. Y sacó a relucir, con un par de pelotas de oro, la “posible” homosexualidad del divo Tom Cruise. TOUCHÉ! “Mis abogados no olvidarán esta broma”, apostilló.

Mientras algunos encolerizaban, otros aplaudían impertérritos y los perros viejos (léase Robert de Niro y Alec Baldwin) se descojonaban, Gervais prosiguió con su guión cuál granada sin seguro. Hubo hostias para todas las vacas sagradas del celuloide, pero lo cierto es que el humorista británico no dijo nada nuevo. No reveló ningún rumor que no supiéramos. Lo admirable es que el presentador tuviera la valentía de decirlo sin miedo a represalias, abiertamente, ante los “astros protegidos” del séptimo arte. Ojalá también aquí, en España, algún Risto Mejide de turno tuviera la oportunidad y osadía de presentar la Gala de los Goya con semejante libertad y espetar que Javier Bardem bruteja o que todavía no sabemos a qué se dedica Elsa Pataky (pedoneu, però #alguhohaviadedir).


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