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Chapas condales.

Para Javier Mariscal "la putita, por ejemplo, está muy bien cogida en su actitud" (El País, 8.09.11)

La semana pasada el nerviosismo visitó a los nuevos inquilinos del Ajuntament de Barcelona. ¿El motivo? Las chapitas “Enjoy Barcelona” diseñadas por Chapateao que las tiendas del Macba y del Museu d’Història de Barcelona andaban vendiendo. En ellas se muestran siluetas blancas sobre fondo negro de un latero, una prostituta, un mantero o unos mossos aporreando al que deducimos será un perroflauta o, quizás, un reportero gráfico. En resumen, un diseño muy básico de personajes archiconocidos por los residentes y visitantes de ésta nuestra querida ciudad.

Desafortunadamente para sus creadores, los suvenires no gustaron demasiado al Ajuntament, que consideró que “promueven actividades incívicas”. Con prisa y sin pausa, ordenó su retirada inmediata y expedientó a mítica librería La Central, encargada de la gestión de dichas tiendas por concesión. Después, revuelo de opiniones y vaivén de críticas a la censura.

Desde luego, considerar que la ironía es un agitador del incivismo es, como mínimo, un tanto exagerado, pero también es comprensible que, aunque las chapitas representan una “diversidad cultural” real de nuestra ciudad, el Ajuntament desestime promoverlas desde su propio equipamiento municipal (el gremio político es el que mejor ha interiorizado el concepto ”nunca tirarse piedras sobre el propio tejado”).

Sin desmerecer la importancia del debate sobre la falta de autocrítica, el poco sentido del humor de los ediles o la falsa imagen just Gaudí que se promociona al extranjero (gorros mejicanos aparte), vale la pena hacer hincapié en que se ha retirado un producto que, según fuentes de la librería del Muhba, se vendía bastante bien y eso, en tiempos de crisis, es una lástima. Por otro lado, después de la gracieta de “La Puti”, “Rosa amigo?”, “Servesa-bier?” o “Al ladrón!”, Arcadi Royo y Margalida Montoya, los arquitectos responsables de “Enjoy Barcelona”, ya se pueden ir olvidando de ganar algún proyecto público durante esta legislatura.

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Diseño honesto (WTF!)

Loveseat de Karim Rashid para Veuve Clicquot. About $10,000 en The Conran Shop (plus the price of the champagne). Un diseño muy honesto de un diseñador muy demócrata.

La semana pasada, durante la bulliciosa Feria del Mueble de Milán, tuve el honor de compartir cena, conversación y risas con algunos de los mejores periodistas y diseñadores de mi generación. A media pizza la cosa se puso interesante. La conversación derivó hacia el terreno de las “tendencias” y la “honestidad”. Observamos que, en el sector del diseño, está de moda afirmar, en primer lugar, que uno no sigue las tendencias y, en segundo lugar, que un diseñador debe ser honesto.

Lo del auge de la honestidad es algo sobre lo que ya habían escrito los periodistas Tachy Mora y Javier Abio de Neo2. Contaron que el alma máter de la consigna “hay que ser honesto” procedía del mítico Royal College of Art londinense, cuna de prolíficas hornadas de diseñadores contemporáneos. Por lo visto, el RCA moldea a sus estudiantes para que sean muy muy honestos.

No pude evitar darle vueltas al tema. En diseño ¿qué significa ser honesto? Si por honestidad entendemos sinceridad, transparencia, honradez, integridad  o decoro, ¿es honesto que una diseñadora presente una y otra vez el mismo diseño para distintas empresas? ¿Es honesto que un diseñador se autoproclame abanderado del diseño democrático cuando sus productos son unaffordable para el 95% del planeta? ¿Es honesto que las vacas sagradas firmen los productos que han diseñado sus empelados-en-la-sombra? ¿Es honesto que siempre se premien a las starletts más famosillas sólo para asegurar la promoción del propio premio? ¿Es honesto que las empresas se cuelguen la etiqueta green cuando la producción y distribución de sus artículos suponen una auténtica aberración para la sostenibilidad del planeta? ¿Es honesto que los periodistas aceptemos viajes y regalos de las empresas (en plan Francisco Camps)?

Honestamente, en conjunto resultamos de lo más deshonesto. Como afirmó uno de los comensales (diseñador, por cierto): tal vez sea el momento de cambiar la mal monopolizada palabra “honestidad” por COHERENCIA.

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