Archivo mensual: febrero 2012

¡Dallas!

En todas las familias se cuecen habas.

En todas las familias se cuecen habas.

Todo vuelve. Ya lo dijo Nietzsche en su teoría del eterno retorno. Volvieron las mallas con nombre de leggins, las camping en versión Vans y el circo en forma de tele. Vivimos en un continuo flujo de regresiones al pasado. Y la última tendencia que resucita es: el  melodrama familiar.

Los que apenas recordamos la sintonía de Dallas estamos de enhorabuena. En los ochenta éramos demasiado inocentes para entender las maldades de los Ewing en su rancho Southfork, pero ahora tenemos la oportunidad de disfrutar de las trifulcas domésticas de ricachones de carne y hueso como los Thyssen, Borbón, Rivera, la Casa Alba y, recientemente, mis dos conflictos favoritos: los Llongueras y los Sánchez Vicario.

El caso del peluquero transcurrió entre la humillación y el chiste. Su primogénita lo despidió vía burofax y el estilista tuvo que desayunar acompañado de titulares tipo A Llongueras le toman el pelo (que no por fáciles dejan de ser graciosos).

A diferencia de las sagas de segunda regional (léase Mohedano, Pajares, Cristo, Dúrcal, etc. que alargan el drama más que el chicle), la reyerta de los Sánchez Vicario no irá para largo. El cruce de acusaciones entre la pobre niña rica víctima de la ambición materna (“mis padres me han anulado”, sic) y sus acomodados progenitores (“está claro que fracasamos con ella”, Marisa Vicario dixit) no cambiará el destino de nadie. Ni siquiera el de sus protagonistas. El follón se apaciguará a medida que aminoren las ventas del libro Arantxa ¡Vamos! Es decir, en un par de semanas a lo sumo. Después, nada. Como el sueño de Pamela Ewing.

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Contar con apoyo.

En el Museo de Cera de Madrid los Borbones se están quedando solos.

En el Museo de Cera de Madrid los Borbones se están quedando solos.

El mundo del deporte anda calentito por culpa de un filete. La sanción de dos años de suspensión a Alberto Contador por la supuesta ingesta de un solomillo “adulterado” ha exaltado sobremanera el ambiente. Encima, la mofa de los guiñoles franceses ha avivado una espontánea reacción todos-a-una de apoyo incondicional al ciclista. En las redes sociales, pesos pesados del deporte como Rafa Nadal, Pau Gasol o el anodino Sergio Ramos ponen una y dos manos en las brasas por la inocencia de Contador.

Con tanta hermandad, parece que el gremio del deporte esté más colegiado que el de la medicina. Sin embargo, no sucede lo mismo en la cofradía monárquica. Allí reina el sálvese-quien-pueda. El pobre (por decir algo) Iñaki Urdangarín solo ha contado con el respaldo de su mujer, mártir de Cupido. Todos sus examigos, compañeros, conocidos y saludados han hecho un mutis i a la gàbia seguido de un si-te-he-visto-no-me-acuerdo.

Francamente, me esperaba más de Don Jaime de Marichalar, trendsetter en cuestiones de desahucio borbónico. Tal y como hicieran las hermanas Hilton con sus camisetas “Team Jolie” (Paris) vs. “Team Aniston” (Nicky), me hubiera gustado ver al exDuque de Lugo, siempre tan a la última, lucir una t-shirt con el emblema “Team Repudiados”. ¿Contraatacaría doña Letizia con un tank top “Team Borbones”?

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¡Nos quieren!

David Bisbal, claro precursor del "¡os quiero!"

Si últimamente van faltos de cariño, dense un garbeo por Twitter. El microbloggin’ es un hervidero de amor en el que uno no debe arriesgarse a deshojar ninguna margarita. En la pequeña red social ¡todos nos adoran! Nos quiere David Bisbal, y Bustamante, y Angy Fernández, Sergio Ramos, Lolita, Ana Fernández, ¡¡hasta el estupendo Andrés Velencoso!!

Las celebridades españolas se han aficionado a proclamar su amor incondicional a la humanidad a través de Twitter. Vayan ustedes a saber por qué razón, se han empeñado en querernos. Todos sus tuits (algunos de discutible interés) terminan de la misma manera: “os quiero”. En ocasiones los adornan con una larga hilera de oes o signos de exclamación, según la madurez intelectual del famoso en cuestión.

Ante tal derroche de amor a diestro y siniestro, ¿cómo puede existir gente deprimida? Si love is all around us, ¿por qué cada día nos parecemos más a Gargamel? El motivo radica, quizás, en que el público es (somos) muy exigente, desagradecido y puñetero. Valoramos las toneladas de amor que nos mandan diariamente los extriunfitos, teen-actors y deportistas, pero seguro que nos resultaría más útil que nos quisieran más los políticos, banqueros, jefes o profesores. Yo me conformaría con recibir un “te quiero” de algún urbano.

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