La turca de Guti (o sobre la magnitud de la mala suerte).

José Mª Gutiérrez Hernández, party animal. Foto: Suleyman Kaka (EFE)
José Mª Gutiérrez Hernández, party animal. Foto: Suleyman Kaka (EFE)

¡Pobre José María Gutiérrez! No hay palabras para describir cuán vasto es su infortunio… Tras quince años de (relativo) éxito en el Real Madrid, al histriónico, digo, histórico, centrocampista de Torrejón de Ardoz le persigue la desdicha hasta rozar la ridiculez. En los últimos tiempos, Guti ha visto como, aun superando escandalosos tsunamis, su matrimonio con Arancha de Benito hacía aguas; ha tenido que aceptar a regañadientes que sus tatuajes eran irrisorias calcomanías al lado de los bodegones de David Beckham; ha fracasado en el intento de emular a sus homólogos paseándose por Ibiza con una supermodelo (Noelia López a la que, por empeño que le ponga, el título de “súper” le queda desproporcionado); ha protagonizado encontronazos con inoportunos paparazzi que no le permitían disfrutar del ritmo de la noche madrileña; ha aceptado ser prescindible en la selección española y ha visto cómo el club de su vida le despedía con un anodino “hasta la vista, baby”.

Ahora que podía redimirse de tanta desdicha; ahora que empezaba de cero en un equipo nuevo, en un entorno virgen, liberado de la monumental carga de la etiqueta de bobo que arrastraba cuál crucifixión, Guti ha metido la gamba hasta el fondo. El futbolista se  fue de picos pardos, cogió su Range Rover, se estampó contra un buseto, dió positivo en el control de alcoholemia y, ¡maldita mala suerte!, le pilló un  paparazzo. “Era una calle estrecha”, ha argumentado. ¿¡De cuatro carriles?!

La retirada de carnet durante seis meses será soportable (opciones no le faltarán: chófer, taxi, ¿bonobús?). Las 547 libras turcas de multa (280€ aprox.) serán peanuts para su bolsillo. El papeleo, pan comido para el chulesco deportista. Explicaciones ante el Besiktas, ya se le ocurrirán (en peores plazas toreó cuando era blanco). Pero, como dijo Julio Iglesias (gran futbolista, mejor cantante), lo peor de todo es tropezar de nuevo con la misma piedra. Una vez más, Guti vuelve a ser la diana de todas burlas que se cuecen por el rápido y espontáneo universo 2.0. Su particular corona de espinas se clava con fuerza sobre ese tintado pelo cuyo color ya no sabemos describir. Le toca jugar, otra vez, el papel del bufón, con su abrigo peludo a lo Lenny Kravitz, ese aire de David Guetta y su pegadizo pim-pam crakoviano. Pero tranquilo José María, siempre existirá alguien más histriónico que tú. Siempre nos quedará el lumbreras de Sergio Ramos.

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