Los modernos de Loewe.

De lejos "fan patxoca". De cerca asustan al miedo.

A veces ocurre que el miedo a envejecer nos trastorna las neuronas y cometemos bochornosas acciones que sonrojarían al propio Peter Pan. De la misma manera que Ana Gcía. Obregón se empeña en disfrazarse de quinceañera, a la marca Loewe tampoco le gusta marchitarse. Como bien proclama Lucía Cuesta, sobrina de Ana Belén (fascinante piel tersa a cualquier edad), en el último spot de la marca madrileña: “¡es un rollo esto de hacerse mayor!”.

Para sobrevivir a las arrugas, Loewe ha decidido lanzarse al marketing viral con un vídeo-anuncio protagonizado por una docena fashionísimos adolescentes “hijos o familiares de los protagonistas de la llamada movida madrileña” (dicen). En él, los adinerados jovenzuelos exhiben sus pintas entre punk y siniestras (rozando el anticristo en algún caso), se divierten haciendo monerías con los bolsos (honorarios de su interpretación), adoptan inusuales posturitas y sueltan perlas como “Loewe lo asocio yo… al ‘love’, ¿no?” o “Estar enamorada es superguay, todo te da vueltas, son como mariposas”. Dejando de lado el esnobismo de sus sentencias y la lamentable constatación de que tanta reforma educativa ha lapidado el futuro intelectual de este país, resulta inverosímil que en los tiempos que corren una marca relacionada con el lujo arriesgue su status sólo por querer hacerse la moderna, joven, guay.

El peligro de las operaciones estéticas es que uno puede llegar a perder su personalidad. La clienta de Loewe, la que mantiene la marca a flote, es la clásica señora beig. Raramente la imagen de doce modernitos con la cabeza semi-rapada, el pelo oxigenado, exceso de eye-liner, uñas negras y rostros resacosos (bastante feos en general, con excepción del actor Martín Rivas) motivará su compra. Por mucho que ellos se consideren dignos herederos de la modernidad madrileña, si una burda imitación de Alice Dellal entra en una boutique Loewe,  seguro que las clientas no sentirán ningún tipo de afinidad con la susodicha. Todo lo contrario: le entregarán sus Amazonas y saldrán por patas Serrano abajo.

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¡Dallas!

En todas las familias se cuecen habas.

En todas las familias se cuecen habas.

Todo vuelve. Ya lo dijo Nietzsche en su teoría del eterno retorno. Volvieron las mallas con nombre de leggins, las camping en versión Vans y el circo en forma de tele. Vivimos en un continuo flujo de regresiones al pasado. Y la última tendencia que resucita es: el  melodrama familiar.

Los que apenas recordamos la sintonía de Dallas estamos de enhorabuena. En los ochenta éramos demasiado inocentes para entender las maldades de los Ewing en su rancho Southfork, pero ahora tenemos la oportunidad de disfrutar de las trifulcas domésticas de ricachones de carne y hueso como los Thyssen, Borbón, Rivera, la Casa Alba y, recientemente, mis dos conflictos favoritos: los Llongueras y los Sánchez Vicario.

El caso del peluquero transcurrió entre la humillación y el chiste. Su primogénita lo despidió vía burofax y el estilista tuvo que desayunar acompañado de titulares tipo A Llongueras le toman el pelo (que no por fáciles dejan de ser graciosos).

A diferencia de las sagas de segunda regional (léase Mohedano, Pajares, Cristo, Dúrcal, etc. que alargan el drama más que el chicle), la reyerta de los Sánchez Vicario no irá para largo. El cruce de acusaciones entre la pobre niña rica víctima de la ambición materna (“mis padres me han anulado”, sic) y sus acomodados progenitores (“está claro que fracasamos con ella”, Marisa Vicario dixit) no cambiará el destino de nadie. Ni siquiera el de sus protagonistas. El follón se apaciguará a medida que aminoren las ventas del libro Arantxa ¡Vamos! Es decir, en un par de semanas a lo sumo. Después, nada. Como el sueño de Pamela Ewing.

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Contar con apoyo.

En el Museo de Cera de Madrid los Borbones se están quedando solos.

En el Museo de Cera de Madrid los Borbones se están quedando solos.

El mundo del deporte anda calentito por culpa de un filete. La sanción de dos años de suspensión a Alberto Contador por la supuesta ingesta de un solomillo “adulterado” ha exaltado sobremanera el ambiente. Encima, la mofa de los guiñoles franceses ha avivado una espontánea reacción todos-a-una de apoyo incondicional al ciclista. En las redes sociales, pesos pesados del deporte como Rafa Nadal, Pau Gasol o el anodino Sergio Ramos ponen una y dos manos en las brasas por la inocencia de Contador.

Con tanta hermandad, parece que el gremio del deporte esté más colegiado que el de la medicina. Sin embargo, no sucede lo mismo en la cofradía monárquica. Allí reina el sálvese-quien-pueda. El pobre (por decir algo) Iñaki Urdangarín solo ha contado con el respaldo de su mujer, mártir de Cupido. Todos sus examigos, compañeros, conocidos y saludados han hecho un mutis i a la gàbia seguido de un si-te-he-visto-no-me-acuerdo.

Francamente, me esperaba más de Don Jaime de Marichalar, trendsetter en cuestiones de desahucio borbónico. Tal y como hicieran las hermanas Hilton con sus camisetas “Team Jolie” (Paris) vs. “Team Aniston” (Nicky), me hubiera gustado ver al exDuque de Lugo, siempre tan a la última, lucir una t-shirt con el emblema “Team Repudiados”. ¿Contraatacaría doña Letizia con un tank top “Team Borbones”?

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¡Nos quieren!

David Bisbal, claro precursor del "¡os quiero!"

Si últimamente van faltos de cariño, dense un garbeo por Twitter. El microbloggin’ es un hervidero de amor en el que uno no debe arriesgarse a deshojar ninguna margarita. En la pequeña red social ¡todos nos adoran! Nos quiere David Bisbal, y Bustamante, y Angy Fernández, Sergio Ramos, Lolita, Ana Fernández, ¡¡hasta el estupendo Andrés Velencoso!!

Las celebridades españolas se han aficionado a proclamar su amor incondicional a la humanidad a través de Twitter. Vayan ustedes a saber por qué razón, se han empeñado en querernos. Todos sus tuits (algunos de discutible interés) terminan de la misma manera: “os quiero”. En ocasiones los adornan con una larga hilera de oes o signos de exclamación, según la madurez intelectual del famoso en cuestión.

Ante tal derroche de amor a diestro y siniestro, ¿cómo puede existir gente deprimida? Si love is all around us, ¿por qué cada día nos parecemos más a Gargamel? El motivo radica, quizás, en que el público es (somos) muy exigente, desagradecido y puñetero. Valoramos las toneladas de amor que nos mandan diariamente los extriunfitos, teen-actors y deportistas, pero seguro que nos resultaría más útil que nos quisieran más los políticos, banqueros, jefes o profesores. Yo me conformaría con recibir un “te quiero” de algún urbano.

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Crisis en el firmamento.

La Bella y la Bestia en tiempos felices.

Todo empezó con la quiebra de Lehman Brothers Holdings Inc. Después, efecto mariposa: la caída del Euro, cinco millones de parados en España, recortes sociales y la separación de Ashton Kutcher y Demi Moore. Y es que esta crisis es devastadora: nos afecta a todos. Unos la sufren en el bolsillo, otros en el corazón. El hecho es que, en cualquiera de sus modalidades, todos la padecemos.
Esta semana, el universo femenino –el de Cosmo y Manolos– ha entrado en barrena con la publicación de la separación de Heidi Klum y Seal. La top model y el cantante han puesto fin a siete años de aparente matrimonio ejemplar, un montón de embarazos bien llevados, mucha afición por los disfraces y constantes renovaciones de votos nupciales. A juzgar por el tono de desolación de los tuits de sus fans, existen, en pleno siglo XXI, miles de devotas del “hasta que la muerte nos separe”, ignorantes, aún, de que los príncipes azules no existen (¡díganselo a nuestras borbonas Infantas!).
El comunicado de Heidi y Seal coincide con los primeros efectos de la separación de Ashton y Demi, cuyo drama no ha hecho más que empezar. La escultural actriz, que encandiló a millones de adolescentes años atrás esculpiendo figuritas de barro al son de unchained melody, acaba ser hospitalizada por una descomunal ingesta de pastillas (se supone que accidental). Otro cese temporal de la convivencia que está al caer es el de Jonnhy Depp y Vanesa Paradis y, quien sabe, si, definitivamente, el de los Brangelinos. Se augura un 2012 lleno de shocks. Esperemos que el matrimonio Beckham, siempre tan mimetizado y unilateral, no se contagie de esta “crisis de las estrellas”.

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Amores 2.0

Desde la ruptura de Demi Moore y Ashton Kutcher, Twitter se ha quedado huérfano de matrimoniadas. Ellos fueron los pioneros en hacer del microbloggin’ un escaparate marital. A través de 140 caracteres exhibieron día a día su aparente relación idílica, llena de guiños en clave, fotos perfectamente espontáneas, y un sinfín de constantes muestras de amor (en realidad, no demasiado correspondido). Su separación es algo más que un costoso divorcio made in Hollywood. Es el fin de la era de los toy-boys y la muerte del Amor 2.0.

@mrskutcher y @aplusk inauguraron esta nueva modalidad de relación conyugal cuya estela ahora todos pretenden seguir (con mucha pena y poca gloria, sea dicho). Entre los más activos destacan los universales Shakira y Piqué, que oficializaron su relación vía tuit (“Les presento a mi sol. Shak”) y morirá, ténganlo por sentado, en el mismo canal, a lo Longoria (“It is with great sadness that after seven years together, Tony and I have decided to divorce”).

En la liga nacional, el nivel de pseudo-estrellas que compiten por tomar el relevo 2.0 de Demi&Ashton son lo que los Gutierrez de Benito a los Beckham: lamentables wanna-be’s de tercera regional. Kiko Rivera y Jessica Bueno, Silvia Casas y Manu Tenorio o Helen Lindes y Rudy Fernández, son algunas de las parejas autóctonas que se tuitean mensajes de enamoramiento llenos de buenas intenciones, pero de nulo interés mediático.

Sin embargo, sí existe una pareja hollywoodiense que merece un follow inminente. De hecho, existe desde hace mucho, mucho tiempo (tal vez desde los tiempos en que Demi era Moore). Los verdaderos maestros del amor 2.0 son Tori Spelling y Dean McDermott. Ellos son los más auténticos, genuinos y naturales. Exportan su vida cotidiana a la red sin aranceles. Viven el amor virtual tan frenéticamente que hasta olvidan revisar sus tuits. Vean, sino, la foto que se le coló a Dean en la que aparece su hijo haciendo monerías en primer plano y, en segundo plano, los enormes senos lactantes de la inolvidable intérprete de Donna Martin. #FF @torianddean & @Deanracer

¡Queremos YA un reality en casa de los McDermott-Spelling!

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Bye bye dientes-dientes.

The new Isabel sigue la estrategia de 'El Padrino': ahora mantiene cerca a sus enemigos.

¿Les ha ocurrido alguna vez que, al encender la radio, abrir un periódico o navegar por internet han pensado que era 28 de diciembre? A mí me pasa cada día. La realidad de nuestros tiempos modernos es tan inverosímil que parece que vivamos atrapados en el Día de los Santos Inocentes. Una rica duquesa octogenaria que se casa con un funcionario de incierta sexualidad, un filósofo que anuncia pan de molde en la tele o un reality show que empareja granjeros calientes con chicas de motel son algunas de las aparentes inocentadas que me han sobrecogido últimamente. La más impactante, sin embargo, es la nueva devoción que profesa Isabel Pantoja por Telecinco y vicever$a.

Después de años de manifiesto odio mutuo en los que fuimos testigos de gritos, mofas, injurias, calumnias, querellas y todos esos vocablos que se braman en los platós de Fuencarral, ahora la tonadillera y el indestructible J.J.Vázquez sólo tienen florecitas que propinarse. El almibarado reencuentro de mamá-Pantoja con su pequeño-del-alma en Supervivientes 2011 (momento televisivo que algunos osaron tildar de histórico), ha significado una nueva etapa para la almost-alcadesa y el ex-Tomate. A Isabel se le han caído los dientes-dientes: participará en la nueva edición de ¡Más que Baile! y posiblemente dará las campanadas de Nochevieja en Telecinco junto a su pimpollo.

Ante tal transfuguismo, sólo caben dos posibilidades lógicas: o las cuentas de la tonadillera están más peladas que un huevo y necesita ingresos inminentes, o Isabel es una vieja diabla que ha aprendido cuán importante es tener cerca a sus enemigos. ¿Habrá tenido algo que ver su amiguísima consejera Chelo García Cortés, exDEC y actual colaboradora de Mediaset?

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El riquismo transitorio.

Ahora resulta que el Ferrari era alquilado.

No le faltaba razón a Carmen Lomana cuando, en un desafortunado intento de falsa solidaridad, soltó que “el pobre de siempre no nota la crisis porque ya está acostumbrado”. Visionaria de su tiempo, en el año 2009, cuando fue descubierta por Comando Actualidad (TVE) en un reportaje sobre las shopaholics de la milla de oro madrileña, una soon-to-be-famous Lomana afirmó que la crisis le afectaba indirectamente porque tenía “amigos con mucho patrimonio, pero no pueden venderlo y no tienen cash para ir al supermercado. Sus palabras, infravaloradas entonces, fueron un avance de lo que iba a sucederles a los nuevoricos de nuestro país.

Durante los primeros años de crisis, mientras los pobres seguíamos siendo pobres, amenizamos nuestra desdicha con las abundancias de las ricachonas de Casadas con Hollywood / Miami (Cuatro), The Real Housewives (las auténticas Desesperadamente Ricas, Nova) o My Super Sweet 16 (MTV, ¡adorables criaturas!). A nivel local, Mujeres Ricas (La Sexta) pretendía lo propio con sus Mariana Nannis, Mar Segura lo-quiero-ya o las divorciadísimas hermanas Collado.

El tiempo, sin embargo, ha demostrado que los diamantes no son eternos (eso, o el casting de ricas autóctonas fue un bluf). Nuria Collado, la misma que apareciera tumbada a lo starlette sobre el reluciente capó de un Ferrari rojísimo, ahora participa en reportajes tipo los-ricos-también-lloran donde oferta su casa buena, bonita y cara. Siguiendo el precedente de homólogas como Carmen Martinez-Bordiú, Cristina Hoyos o Sarita Montiel, a la exriquisima no se le han caído los anillos a la hora de anunciar su urge-vender en un video promocional. Está claro que cuando el patrimonio ahoga y no hay cash para el súper, no hay vergüenza que valga. Entonces es cuando nosotros reímos, idealista.com se frota las manos y los ricos se acostumbran, también, a ser pobres.

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Las afiladas cuchillas de Mou.

Hombres del mundo, ¿sean como él?...

Una de las peores cosas que le puede pasar a una marca es que la popularidad de su “celebrity asociada” entre en barrena. En tiempos de crisis nadie puede permitirse el lujo de invertir sus fichas en un caballo perdedor. Así que, cuando el corcel empieza a cojear, hay que cambiar rápido al jinete.

Como últimamente Tiger Woods está hecho un golfo, Thierry Henry es el hombre invisible y Roger Federer ya no ostenta el podio de la ATP, la marca Gillette ha decidido renovar al tridente. Su lugar lo ocupará el entrenador del Real Madrid José Mourinho, más famoso por sus célebres afeitadas que por su labor técnica.

En palabras del director de marketing de la compañía, el italiano Jacopo Lorenzo Pazzi, Mou “es un auténtico icono para la mayor parte de los hombres” y “representa mejor que nadie los valores de Braun que se resumen en nuestro eslogan de que algunos son más especiales que otros”. Al igual que las afirmaciones del guapo, rico y gran jugador, las declaraciones de don Pazzi (a saber en qué escuela de márqueting estudió) parecen extraídas de un sketch del Crakòvia. Demasiado fácil se lo están poniendo a los guionistas…

Por otro lado, tal vez Pazzi tenga razón en eso de que ambos comparten valores: tanto Gillette como Mou cuentan con afiladísimas cuchillas que rasuran a la primera pasada. La sensatez, no obstante, nos conduce a sospechar que éste podría ser un magnífico caso de “nuevo marqueking” en el que Philips haya financiado la campaña del nuevo prescriptor de Procter & Gamble.

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Cuando la belleza deslumbra el intelecto.

En modestia no hay quien le gane.

La suerte de la fea, la guapa la desea. O, lo que viene a ser lo mismo, las ovaciones de Messi,  Don Cristiano bien las quisiera… A CR7 (antes CR9) la afición mundial no le quiere. Algo tiene la estrella portuguesa del Real Madrid (con permiso de Mou) que crea un rechazo inminente en todos los estadios de futbol. Fuera de su casa, el famoso jugador merengue es recibido con abucheos, silbidos, insultos y alguna que otra pancarta faltona. Cualquier mortal se preocuparía. Cristiano el divino, no. Lejos de afectarle, a él se le agiganta el ego: “me abuchean por ser rico, por ser guapo y ser un gran jugador”, seguido de “las personas tienen envidia de mi”. Chim pum.

Razón no le falta. Es rico. Muy muy rico, siempre que entendamos por riqueza la cantidad de ceros que posee su cuenta corriente. Es guapo. Muy muy guapo, siempre que entendamos  por belleza ser un híbrido entre Jesús Vázquez, Mario Casas y Amor GH. Y es brillante. Muy muy brillante. Le brilla la cresta choni a lo MHYV, le brilla la piel cancerosa de tonalidad Valentino, le brilla el musculamen aceitoso de actor porno y le brilla el Ferrari del garaje. Pero Cristiano brilla, sobre todo, por su ausencia de humildad, sacrificio, generosidad, inteligencia, simpatía, cultura y educación.

CR9 es el superlativo de la consigna: “el dinero no lo compra todo”. Por mucho que él brille más que las estrellas, jamás alcanzará la excelencia de la luna llena porque el carisma no se compra. A veces, caprichos de la vida, cuánto más feo, más único y cuánto más bajito, más grande.

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Robados rentables.

Lo que se está perdiendo Sean Penn...

La última víctima de los piratas informático-telefónicos ha sido Scarlett Johansson. Desde ayer circulan por la red dos autorretratos de la bella actriz desnuda. En una foto aparece con el pecho descubierto; en la otra se ven sus magníficas posaderas reflejadas en un espejo. No hay que ser demasiado experto para avistar el extraño encuadre de la segunda  foto (tal vez el FBI debería dejar de buscar al hacker en cuestión y centrarse en los malabaristas del Photoshop). Aún así, obviando la dudosa veracidad del material, ¿cuál es el motivo de esta nueva afición de las actrices por los estriptís caseros?

Vanessa Hudgens, Miley Cyrus, Selena Gómez, Demi Lovato, Jessica Alba y Blake Lively ya han sido “pilladas” antes; todas ellas en fotos supuestamente privadas con un denominador común: sexy sí, lasciva no. Los más crédulos pensarán que las cazan por ingenuas, porque no se dan cuenta de que en el mismo momento en que disparan la foto su intimidad ya navega por la red. Otros creerán que las chicas lo hacen por diversión, por echarse unas risas con sus novios, o empujadas por su innato exhibicionismo profesional. Los ateos, en cambio, tienen claro que todas lo hacen para publicitarse. Unas instantáneas de este tipo les ayudan a romper con la imagen angelical de chicas Disney y las catapultan al estrellato.

Lo cierto es que no ha habido ningún escándalo de índole erótica que no haya salido rentable para la carrera de su protagonista. Predecesoras como Paris Hilton o Pamela Anderson, cuyos traicioneros novios colgaron sus vídeos pornográficos en la red, conocen muy bien los beneficios de un robado. Sin embargo, todas ellas, grandes y pequeñas, tienen mucho que aprender de Demi Moore, la única estrella que deslumbra por sí misma en la red. Sólo Demi sabe cuán provechosa puede resultar la intimidad hogareña afinadamente expuesta en Twitter.

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Chapas condales.

Para Javier Mariscal "la putita, por ejemplo, está muy bien cogida en su actitud" (El País, 8.09.11)

La semana pasada el nerviosismo visitó a los nuevos inquilinos del Ajuntament de Barcelona. ¿El motivo? Las chapitas “Enjoy Barcelona” diseñadas por Chapateao que las tiendas del Macba y del Museu d’Història de Barcelona andaban vendiendo. En ellas se muestran siluetas blancas sobre fondo negro de un latero, una prostituta, un mantero o unos mossos aporreando al que deducimos será un perroflauta o, quizás, un reportero gráfico. En resumen, un diseño muy básico de personajes archiconocidos por los residentes y visitantes de ésta nuestra querida ciudad.

Desafortunadamente para sus creadores, los suvenires no gustaron demasiado al Ajuntament, que consideró que “promueven actividades incívicas”. Con prisa y sin pausa, ordenó su retirada inmediata y expedientó a mítica librería La Central, encargada de la gestión de dichas tiendas por concesión. Después, revuelo de opiniones y vaivén de críticas a la censura.

Desde luego, considerar que la ironía es un agitador del incivismo es, como mínimo, un tanto exagerado, pero también es comprensible que, aunque las chapitas representan una “diversidad cultural” real de nuestra ciudad, el Ajuntament desestime promoverlas desde su propio equipamiento municipal (el gremio político es el que mejor ha interiorizado el concepto ”nunca tirarse piedras sobre el propio tejado”).

Sin desmerecer la importancia del debate sobre la falta de autocrítica, el poco sentido del humor de los ediles o la falsa imagen just Gaudí que se promociona al extranjero (gorros mejicanos aparte), vale la pena hacer hincapié en que se ha retirado un producto que, según fuentes de la librería del Muhba, se vendía bastante bien y eso, en tiempos de crisis, es una lástima. Por otro lado, después de la gracieta de “La Puti”, “Rosa amigo?”, “Servesa-bier?” o “Al ladrón!”, Arcadi Royo y Margalida Montoya, los arquitectos responsables de “Enjoy Barcelona”, ya se pueden ir olvidando de ganar algún proyecto público durante esta legislatura.

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¡Brava, Cayetana!

Ella es la modernidad.

“Porque la más moderna, en el fondo, soy yo”. No, no es Lady Gaga. Es Cayetana Fitz-James Stuart, categórica y natural ante los micrófonos de Gente (TVE). Es la Duquesa de Alba. La misma que ostenta la cifra récord de 46 títulos nobiliarios. La misma que posee un patrimonio personal estimado en 1.000 millones de euros. La misma que a los ochenta y cinco años contraerá matrimonio en terceras nupcias con el funcionario Alfonso Díez Carabantes el próximo 5 de octubre.

Razón no le falta: ella es la más moderna, en el fondo y en la forma. Ninguno de los estilismos imposibles de la Gaga supera, ni de lejos, la transgresión de esta octogenaria mujer que siempre ha hecho lo que le ha venido en gana, le pese a quien le pese. Ella es el claro ejemplo de que la modernidad no consiste en pasearse por los puestos disfrazada de filete de carne, sino que, hoy en día, lo verdaderamente revolucionario es ser uno mismo, tengas la edad que tengas. Ser moderno es una cuestión de actitud, estilo, personalidad, carácter, modus vivendi; es ser honesto con uno mismo y tenerlos bien cuadrados.

Muchos criticarán esta “repentina” boda, pero lo cierto es que de fortuita no tiene nada. Ella tenía claro que, tarde o temprano, iba a hacerlo. Así que resulta curioso que planeen tantas dudas sobre este matrimonio teniendo en cuenta que la herencia ya está repartida, que en sus antiguos matrimonios ha regentado el amor y que jamás se ha divorciado (siempre ha enviudado, a diferencia de los fracasos conyugales de sus hijos). A juzgar por la vitalidad de esta entrañable mujer, ¿por qué no iba alguien a enamorarse de ella? Y no me remitan a cuestiones físicas, porque más desagradable es acostarse con un playboy sesentón del calibre de Flavio Briatore y nadie dice nada de Naomi Campbell, Heidi Klum, Adriana Volpe y Elisabetta Gregoraci

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El peligro del logo.

Un cocodrilo demasiado reconocible.

Publica el periódico escandinavo Dagbladet, que Lacoste ha solicitado a la policía noruega que retire las imágenes en las que de Anders Behring Breivik, el psicópata de Oslo que asesinó a 96 personas este verano en la isla de Utoya, aparece vistiendo un jersey rojo con su archiconocido cocodrilo. La casa  francesa ha confirmado la caída de ventas y deterioro de su imagen tras la publicación de dichas fotografías. Por desgracia para los galos, el perturbado homicida es un fanático obsesionado de la marca. Tanto es así, que hasta la menciona en su manifiesto público “2083”, donde dice que vestir polos Lacoste le da el aspecto de “europeo bien educado de tendencia conservadora”.

Como ya le ocurrió hace unos días a Abercrombie & Fitch con Mike The Situation Sorrentino (Jersey Shore, MTV), los “famosos” anti-imagen son el cáncer de las marcas. La asociación de personajes del calibre de Breivik, Sorrentino o, sin ir más lejos, Belén Esteban, con ciertas marcas puede significar la bancarrota para la empresa. De poco sirve tanta inversión publicitaria para alcanzar el posicionamiento de mercado deseado si un monstruo, un poligonero o una deslenguada deciden endosarse tu logo.

Tiene guasa pensar que durante años las marcas se han peleado por vestir a las celebrities no sólo en las alfombras rojas de Cannes o el Kodak Theatre, sino también inundándolas con reconocibles prendas para su daily look. Visto que actualmente están teniendo más repercusión los “famosos pop-up” que las celebrities glamurosas, los marketing y product managers deberían replantear sus estrategias acerca de la fragilidad del branding y, sobre todo, del peligro de la logomanía. Bienaventurada será la marca que logre captar adeptos sin necesidad de logos ni estampados reconocibles.

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La movida de Leticia.

Leticia Sabater sigue con mucha marcha desde 1996.

Poco le ha durado el reinado a Irene como Miss Huracán Estival. Este verano, la aparición de Leticia Sabater en el programa Otra Movida de Florentino Fernández (Neox) ha sido lo más devastador de la televisión. Más sorprendente que Rosa Benito achantado a su marido en directo (Supervivientes). Más dramático que el descompasado playback “Nachopolízate de Víctor Sandoval (Sálvame). Incluso más impactante que la felación de Antonio Canales a su novio en Sitges (DEC). Lo de la marchosa presentadora ha sido un ciclón que pilló por sorpresa a los propios presentadores del programa.

La ex-animadora infantil saltó al plató aceleradísima, disfrazada con un mirco-short a ras de lo permitido en horario protegido. Se colgó como un koala de la barriga de Flo. Cantó sobre la mesa. Enseñó culo. Desplegó cirugía. Meneó el postizo-de-Lucrecia. Se avalanchó sobre Dani Martínez (que espetó un seco “¡eh!¡sin tocar!”). Explicó chistes. Compuso un pareado. Buscó quorum con un público que no respondió a ninguna de sus frases “célebres”. Y bromeó –dos veces- con el embarazoso affaire Canales. Nadie le rió la poca gracia, pero a ella no le importó.

Ésa es la “grandeza” de esta señora: su colosal autoestima. Es inoportuna, cargante, desmesurada, penosa y todo lo contrario a graciosa. Pero a ella le da igual porque está encantada de haberse conocido. Derrocha más amor propio que Aída Nízar. Se viste de Samantha Fox, aunque brote un antiestético flotador de su tripa. Se siente sexy. Se cree chistosa. Se tiene por inteligente. Se cree poseedora de una carrera brillante. Se mofa de la Obregón: “¡Yo no soy bióloga!” (sic). Piensa que es un hito histórico de nuestro país. Se proclama artista multidisciplinar con capacidad para hacer de todo y presume de grandes audiencias. De lo primero ni idea, pero de lo segundo, está claro que sí: el martes consiguió ser TT mundial en Twitter.

Al final resultará que Felipe se equivocó de Letizia…

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Las elegancias de Puyol.

Puyol color block.

El pack tatuaje étnico + deportivo desmesurado + novia recauchutada corrobora que el gremio futbolístico no goza, en general, de lo que se entiende como “gusto refinado”. Sin embargo, la elegancia de los futbolistas debe demostrarse en el jogo bonito y no en las pasarelas; así que, mientras tengan claro qué camiseta calzarse al saltar al terreno de juego, poco importan los trapitos que vistan fuera de él. ¿O sí importa? Veamos el caso de Carles Puyol

Es estupendo que el noi de La Pobla esté concentrado en lo que le toca: jugar al futbol. Celebro que no esté por tonterías de pelitos monos y mechitas rubias; que le importe un rábano el último grito en rosarios de diamantes (special soccer edition) o anillacos de obispo; que se pasee por las playas de Ibiza hecho un Tarzán con su Jane Malena y Cheetah Queca; que salte al campo con una máscara de Hannibal Lecter o que reciba a SM la Reina Doña Sofía en toalla y musculamen al aire. Su completo desinterés por las tonterías triviales es admirable, pero lo de pasearse en bermudas por el sorteo de la Champions League en el exclusivo Foro Grimaldi del Principado de Mónaco ya es pasarse… Él, natural como la vida misma, dice que con el polo fosforito del Barça se siente de lo más cómodo.

En un mundo superficial como el nuestro, la sencillez de Puyol resulta tan impactante, como desconcertante. No es necesario que se disfrace de Beckham (véase ese ridículo arlequín llamado Guti), pero unas nociones de protocolo no le irían mal. Y, en vista de los festejos que se avecinan una temporada más, sería menester del club diseñar un “uniforme-de-galas” para el capitán blaugrana. Algo básico, informal pero correcto, que evite que Puyi se pasee por las ceremonias en plan casual friday.

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Celebrities anti-imagen.

Jessica Biel sí; Reese Witherspoon, sí; Mike Sorrentino, NO.

¿Alguna vez les ha ocurrido que, en la cola de Zara, han decidido plantar una blusa en el mostrador al comprobar que la chabacana de delante había elegido la misma prenda? Eso, a gran escala, es lo que quiere evitar la marca americana Abercrombie & Fitch. La firma, que invierte millones de dólares en proyectar una imagen de high apparel y truly American lifestyle para jóvenes adinerados, ha optado por pagar a uno de los protagonistas del programa Jersey Shore (Mtv) para que deje de vestir sus prendas. En opinión de la compañía: “la asociación del señor Sorrentino con nuestra marca es muy perjudicial para nuestra imagen”.

Mike “The Situation” Sorrentino es uno de los ocho participantes de este reality show basado en la convivencia de un grupo de jóvenes malhablados, en su mayoría italoamericanos, devotos del sexo, la fiesta y el alcohol. El mensaje que emite Sorrentino es, por consiguiente, más cercano al del poligonero común que al de los pipiolos con torso descubierto que la marca recluta para dar la bienvenida en sus flagship stores.

Hasta la fecha, se habían visto casos de diseñadores que huían de ciertos famosos (véase Belén Esteban y su vestido de novia), pero lo de Abercrombie & Fitch plantea un nuevo concepto en los budgets de marketing: la inversión en anti-branding, cuya máxima llegará el día en el que la marca pague a la “celebrity-anti-imagen” para que vista ropa de la competencia (con grandes y visibles logos, a ser posible).

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Elena y el sexo.

15 años de carrera. 30 películas. TT por esta putada, digo, portada.

Hasta hace cuatro días, la sexualidad de Elena Anaya era un misterio. Si bien la “gente del cine” probablemente sabía acerca de sus preferencias sexuales, el gran público desconocía a ciencia cierta los gustos de la intérprete palentina. La propia incógnita sobre su sexualidad formaba parte del encanto de la hermosa actriz e invitaba a su elenco de fans a fantasear con lo que gustosamente quisieran. Hasta aquí, todos contentos: seguidores, seguidoras, directores, productores, familiares y Elena.

Pero esta semana la revista Cuore, en nombre de vaya usted a saber quien y bajo qué propósito, ha decidido desvelar la orientación sexual de la actriz, mostrándola en aguas menorquinas con su supuesta novia. Bajo el epígrafe “esta exclusiva sólo en Cuore” y con absurdos comentarios tipo “no hay nada más cómodo que pasar el día desnudo en la playa”, la revista dispara dónde más duele: en la vida privada de alguien que siempre se ha mantenido al margen de los chismorreos.

Obviando la evidente vulneración del derecho a la intimidad y la pasada por el forro de ética y moral de la revista, lo interesante del tema han sido las reacciones del entorno. Mientras algunos medios afirmaban que “Elena ya no se esconde” o “Elena confirma su homosexualidad” (¿CONFIRMAR? ¿Ella? ¿Acaso ha enviado un comunicado de prensa?), los tuiteros se enzarzaron en piropos y halagos hacia la bella actriz.

Durante años, reputados artistas y deportistas han escondido su homosexualidad por temor a que sus carreras profesionales se vieran perjudicadas. Sin embargo, hoy, y vista la simpatía que ha despertado Anaya en las redes sociales (Trending Topic en Twitter), tal vez la involuntaria transparencia de lo personal favorecerá en lo profesional. Que así sea.

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Avión. Depardieu. Pipí.

Él habla de humillación. Los pasajeros, de borrachera.

Celebrities y aviones son un binomio inseparable. Si a la gente mundana le invade el virus del guays cuando sube a un avión, ¡ya no digamos los real-famous! Los del gremio farandulero (actores, modelos, cantantes y demás), a los que tanto gusta hacerse los ciudadanos del mundo soltando frases tipo “vivo en los aviones”, se sienten como en casa cuando vuelan. De ahí su afición a no tener los pies en el suelo.

Continuamente nos llegan jugosas historias sobre famosos que montan su pequeño espectáculo cinema-circense a 35.000 pies de altitud. En España, el pollo lo monta Melendi; en Francia, Gérard Depardieu. Al inolvidable Cyrano de Bergerac se lo ha zampado el rudo Obélix. Durante el despegue del vuelo AF5010 París-Dublín, el actor de 62 años sintió una terrible incontinencia, le dijo a la azafata que no podía aguantar y, sin más, orinó en la moqueta del avión. El avión tuvo que regresar a la terminal para que pudiera entrar el equipo de limpieza y despegó con más de una hora de retraso. Posteriormente, su colega Edouard Baer minimizó los hechos excusando los problemas de próstata del Chevalier de la Légion d’honneur y explicó que había intentado orinar en una botella, pero que ésta era demasiado estrecha y “rebosó”. Ecs.

Así funcionan las cosas en el firmamento: las estrellas hacen lo que les sale de la próstata, sus agentes se disculpan y todos corren un tupido velo. La inmunidad que brindan aviones, hoteles, discotecas, restaurantes o la propia policía a los famosos resulta insultante. ¿Acaso cree usted que podría practicar el libre lanzamiento de televisores por la ventana del Hyatt de Los Ángeles o pasearse en moto y sin casco por Barcelona? Se’ns pixen a sobre i diuen que plou.

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Papa pasión.

Los fans del Papa se lo pasan bomba.

Esta semana que está tan de moda confesarse, confieso que siento envidia de la juventud del Papa. Las imágenes que llegan desde Madrid me han conmovido. ¡Esas sonrisas de plenitud y felicidad suprema! ¡Esas confesiones masivas en el parque del Retiro! (salían todos con auténticas caras de alivio…) ¿Y qué me dicen de ese orgullo de su cristianismo? Cuando observo semejante pasión por la propia fe, me doy cuenta de que jamás he experimentado tanta exaltación por ningún ídolo.

Con ocasión de la JMJ, las juventudes del Papa han preparado con gran entusiasmo todo tipo de detalles. Entre otras cosas, y por si alguien dudaba de la modernización del cristianismo, tienen una  página web donde el peregrino puede adquirir vía on-line shop la muda completa del festival: pulsera rosario cuerda (la de Sara Carbonero) a 2€; pinturas cara bandera España, 3€; gafas de sol tipo Wayfarer por 12€ (fabricadas por Sun Planet; aquí tothom fa negoci, tu!). Cuentan, también, con página oficial en Facebook donde 170.255 creyentes debaten cuestiones tipo “¿qué quieres que se incluya en la mochila del peregrino?”. Como si se tratara del FIB, algunos asistentes piden el programa de actuaciones (AKA liturgias); otros, los más gorrones (estilo #acampados) solicitan comida, bono gratuito de metro y descuentos en hoteles. Queda claro, pues, que todo club de fans (musical, futbolístico, político, religioso…) precisa de consignas-cánticos propios y mucho merchandi$ing.

Como decía, envidio esa alegría que desprenden los peregrinos cantando en comunión ante la emocionante llegada de su Papa. Yo soy incapaz de cascarme trillones de quilómetros para para ver de refilón el papamóvil, vislumbrar el flequillo de Justin Bieber o acariciar las botas de Leo Messi. Será que, como dijo John Lennon en God (1970): I don’t believe in Beatles, I just believe in me. Amen.

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